Delante de mi la edición de "El Universal" del viernes 4 de junio de 2010. Primera página de deportes. El título del reportaje: "Detroit dice perfecto".
No me voy a detener en los detalles que ya todos conocemos. Me quiero fijar en las actitudes de los cinco protagonistas: Armando Galarraga, el umpire Jim Joyce, la directiva del Major League Baseball, los padres de Armando, el público del estadio, y la General Motors.
Estamos acostumbrados a las reacciones destempladas y toscas de los jugadores que, cuando no están de acuerdo con una decisión, se comportan como niños malcriados.
En este caso no sucedió así. Por una parte Galarraga aceptó la decisión del juez, aunque la película demostró que fue injusta. Su sonrisa manifestó su temple como persona. Él mismo le entregó al umpire de Detroit en un gesto de caballeros, el line up del equipo, "Todos somos humanos y nos equivocamos". -dijo en ese momento.
El árbitro admitió su error, y declaró: "Estoy muy apenado" y entre sollozos que no pudo evitar delante del venezolano, agradeció su reacción tan noble. La directiva del Mayor League, mantuvo la decisión del umpire, en un gesto de firmeza y respeto por la ley.
El público tuvo también una gallarda actuación. No insultaron al umpire, ni lanzaron al campo objetos contundentes. Mantuvieron su compostura, y reconocieron la hazaña del jugador.
Sus padres en un gesto que los enaltece, sin protestar, le enviaron su bendición. La General Motors dejó sentir su lado humano, con el estupendo regalo de un carro.
No son frecuentes estas reacciones, pero sin duda manifiestan el talante de sus protagonistas. Pienso que las instituciones serían distintas, si quienes las conforman fueran personas virtuosas, es decir, que practican la virtud.
Quizá por la lejanía en el tiempo con Aristóteles, no frecuentamos sus escritos; "Su diagnóstico sobre la condición humana, podría ganar hoy -dice Ayllón- el premio nacional de ensayo, ante el más exigente de los jurados".
En griego la palabra virtud quiere decir excelencia. Por eso, Aristóteles afirma sin complejos que la virtud es el mayor de los bienes humanos y solo en su práctica se encuentra la felicidad.
Y añade que lo importante no es saberlo, sino ser virtuoso. Y las virtudes humanas que practican los personajes de esta historia menuda del beisbol, son un claro ejemplo de lo que queremos decir.
Recordemos que "Cuando tratamos de descubrir lo mejor que hay en los demás, descubrimos lo mejor de nosotros mismos" (William Arthur Ward).
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