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Más ciudad

Caracas, la ciudad más densa de Venezuela, se coloca muy por debajo de ciudades más exitosas

MARCO NEGRÓN |  EL UNIVERSAL
miércoles 16 de junio de 2010  12:00 AM

En múltiples ocasiones he insistido en que, si queremos un futuro digno para nuestra sociedad, es indispensable producir más ciudad; que no es lo mismo que más ciudades sino en buena medida lo contrario. Cuando el gobierno central se empeña en impulsar políticas como las del eje Orinoco-Apure, el eje Norte Llanero o las llamadas Ciudades Socialistas está promoviendo la creación de más ciudades que inevitablemente serán menos ciudad que las ya existentes.

Producir más ciudad quiere decir aprovechar las ya existentes para generar espacios más ricos, densos y dinámicos, caracterizados por la mezcla de usos y la mezcla social, la variedad, la generosidad del espacio público y el predominio de un transporte colectivo de calidad sobre el privado; espacios que reconozcan la diversidad y a la vez faciliten el contacto entre los ciudadanos, que propicien la convivencia sin desconocer las diferencias. En definitiva, ciudades densas, compactas y animadas, integradoras y no excluyentes. Eficientes ecológicamente a la par que llenas de vida y bienestar.

El modelo que caracterizó la ciudad norteamericana de posguerra fue el suburbio residencial, la ciudad dispersa atada al automóvil. Hoy, comprobados sus altos costos y el efecto segregador, tratan de revertirlo, pero nosotros insistimos en ese modelo que también, por afán imitativo pero además por la laxitud de los controles urbanísticos y porque la condición de país petrolero posibilitó una temprana difusión del auto privado, marcó nuestro atropellado proceso de urbanización.

Un elemento que debe llamar a la reflexión de autoridades y expertos es que, con unos 6.000 habitantes por kilómetro cuadrado, Caracas, la ciudad más densa de Venezuela, se coloca muy por debajo de ciudades mucho más exitosas, atractivas y dinámicas: en nuestro continente la ciudad de Buenos Aires registra 15.000 hab/km2 y si vamos a otros continentes encontraremos densidades superiores a los 20.000 en el corazón de rutilantes urbes como París, Nueva York o Shan- ghai. No se propone, por supuesto, densificar a toda costa sino analizar nuestras ciudades también desde esta perspectiva: si la baja densidad urbana se convierte en problema en ciudades con altos niveles de ingreso, ¿cómo evitar entre nosotros sus efectos perversos de exclusión y segregación?

macking@cantv.net



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