Aceleradamente entramos en una espiral de conflictos sociales por la subsistencia
La situación venezolana se agrava. El primitivismo desquiciante se consume en la ignominia de sus ejecutorias. Ignorancia, desfachatez y dolo: portafolio del fracaso insaciable de dólares americanos.
Truculencia oficialista promocional en el celuloide servil. Una etapa funesta de la vida venezolana y la advertencia de un pueblo, que no ignora ya la farsa de una década. Durante años de vida democrática las exigentes reformas fueron pospuestas y el partidismo se creyó omnipotente. Mucho que decir de cuanto pospusieron en caso omiso a los acertados llamados para los cambios en la estructura institucional de la República. El cuerpo dirigente sumido en la burocracia se alejó de las grandes exigencias nacionales y se tomó el camino del dejar hacer.
Venezuela debe transitar la vía de la democracia fuerte en la construcción de instituciones sólidas capaces de reacomodar la vida institucional, sin temores ni borrón y cuenta nueva, porque eso significaría desvirtuarla y conducirla a lo más tortuoso de vida republicana.
Lo que ahora se resume en graves riesgos para la estabilidad de los ciudadanos de esta nación premiada por la sabia natura de recursos imponderables, para el bienestar colectivo con su aprovechamiento racional y proporcionalmente justo, aceleradamente entramos en una espiral de conflictos sociales por la subsistencia. Y es lo que debemos evitar quienes tenemos la responsabilidad de constituir los cuadros dirigentes democráticos del país. La economía avanza a la bancarrota y la gente a un estado incierto por las carencias que sufre y los peligros que la amenazan. Hay un clima descompuesto en la vida venezolana que no es cualquier cosa por cuanto serios peligros sociales pueden desencadenarse. Le toca a la oposición responsabilidad suprema para salvar la patria.
bello.rafael@yahoo.es
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