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¿Quién defiende a Lorenzo Mendoza?

El apoyo de sus trabajadores a Polar es quizás inédita en la historia de los sindicatos

ROBERTO GIUSTI |  EL UNIVERSAL
martes 25 de mayo de 2010  12:00 AM

Quizás no haya habido en el mundo peor cerveza que la soviética cuyo sabor a purgante provocaba cólicos y vómito interminable a sus alegres bebedores. Por eso la idea presidencial de cogerse a la Polar con el pretexto de combatir el acaparamiento debe haber provocado verdadero terror entre los consumidores de la cristalina amargosa, quienes seguramente preferirán el cierre de la planta antes que el Gobierno se meta a cervecero y arruine una de las pocas cosas buenas que aun nos queda

Claro, la moralina chavista, tan hipócrita como quien la pregona, esgrime dos argumentos en apariencia intachable: el capitalismo y los capitalistas explotadores envenenan el cuerpo y la mente del pueblo. Es preciso defenestrar a un ricachón acaparador, culpable de la ruina económica del país, para liberar a los venezolanos del vergonzante vicio de la bebida y tomar las riendas de la producción y distribución de alimentos en el país.

Hay quienes dicen que no se atreverá a hacerlo porque entonces no sólo nos quedaremos sin cerveza (al fin y al cabo los boliburgueses sólo beben Etiqueta Azul) sino, también, sin Harina Pan, dos ingredientes fundamentales de la dieta y del "ser venezolano". Nada. En un país signado por el totalitarismo, que implica opresión y control, desde el aparato económico hasta los más recónditos pliegues de la vida personal, es impensable la existencia de una poderosa empresa privada de la cual depende, cada vez más (ante los estruendosos fracasos productivos del gobierno) esa cosa que tan pomposamente denominan soberanía alimentaria.

Lorenzo Mendoza no sólo ha cometido el sacrilegio de tener un éxito que contrasta con el proceso de destrucción nacional emprendida por la revolución (y la demolición es premisa revolucionaria indispensable) sino que el Grupo Polar se convierte en un obstáculo político que es necesario liquidar en la marcha hacia la dominación total.

Está en la lógica revolucionaria y forma parte de una estrategia que comenzó hace ya once años para acabar con la clase política, los sindicatos, los partidos, Pdvsa, las Fuerzas Armadas, los medios de comunicación, las universidades, la Iglesia. Dentro de esa estrategia de comerse el país a pedacitos, el dominio de las armas, de las finanzas, de la educación, de las comunicaciones y del aparato productivo resultaría incompleto si no incluyo en esa dependencia (de los individuos hacia el Estado) a los alimentos y si éstos escasean mejor porque así el control es más efectivo y la sujeción más degradante. Además, piensa Chávez, en un país donde no se quiere a los empresarios, nadie va a salir a apoyarlos. No sé. Quizás se equivoca. Y el caso de los trabajadores de la Polar, defendiendo a la empresa, parece inédita en la historia de los sindicatos.

 rgiusti@eluniveresal.com



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