Las reservas de crudo y gas de Venezuela se pierden de vista. Miles de millones de barriles de petróleo, entre liviano, mediano y pesado, y billones de pies cúbicos de gas (libre y asociado a la producción de crudo) están en el territorio venezolano, lo que reafirma el potencial petrolífero del país.
Según cifras oficiales, las reservas certificadas de petróleo de Venezuela ascienden a 211 mil 173 millones de barriles, un 23,1% más que el nivel reportado para el año 2008, al agregar nuevas áreas tanto de los campos tradicionales como el crudo extra pesado de la llamada Faja Petrolífera del Orinoco.
Esta cifra coloca a Venezuela por encima de las reservas de Canadá, Irak, Irán, Kuwait y Emiratos Árabes.
Pero de incluirse el total de reservas de la Faja, que están siendo certificadas en sitio (Petróleo Original en Sitio) por la compañía Ryder Scott, esas reservas serán mayores.
En materia de gas, el número es significativamente alto.
Las reservas del hidrocarburo gaseoso rozan los 170,9 billones de pies cúbicos, el 2,6% de participación mundial, según cifras del 2009 publicadas por de BP Statistical Review of Word Energy, que coloca al país en el noveno lugar mundial.
Pero, al sumar los 3,7 billones de pies cúbicos de gas, que Pdvsa incorporó recientemente, ese número pasaría fácil la barrera de los 174,6 bpc.
En fin, se trata de muchos barriles de petróleo y barriles equivalentes de gas, que los venezolanos ni se lo imaginan. Incluso ni los habitantes de las zonas más desarrolladas y las más remotas del país, que a diario caminan sobre los más ricos yacimientos.
El profesor del posgrado de Petróleo de la Universidad Central de Venezuela (UCV) Mazhar Al-Shereidah afirma que no cabe duda que desde el punto de vista cuantitativo, el país cuenta con muy importantes y amplias reservas tanto de petróleo como de gas natural.
"Eso es lo que permite hablar de potencial, porque es como tener un terreno fértil con buen sistema de riesgo", señaló el experto petrolero.
Sin embargo, agrega que para ponerlo a producir hay que hacer las inversiones necesarias que permitan que "esa cosecha se materialice".
Pero, tampoco hay que olvidar el contexto mundial, debido a que el petróleo y los derivados son productos netamente de exportación y porque en el mundo también existen otros países potenciales.
Afirma que es prioritario optimizar las inversiones para el aprovechamiento óptimo del valor de estas reservas.
"Es necesario acertar una planificación estratégica de inversiones y también de lectura de mi participación como país en el mercado", señaló.
El experto agrega que también es fundamental racionalizar el consumo de interno de los productos refinados, bajo el concepto de eficiencia energética, para exportarlos, pues son de mayor valor comercial.
aguas abajo
Pero, además de los campos petroleros, lo que se conoce como "aguas abajo", término que denota las actividades de refinación, suministro y mercadeo en la industria petrolera, Venezuela también tiene sus números.
El país cuenta con un significativo circuito refinador en la región, que la coloca en una posición privilegiada a nivel mundial por su capacidad refinadora para abastecer su consumo nacional y la exportación, así como por su posición geográfica cercana a grandes consumidores en el Norte, América Latina y todo el Caribe.
Tal como fueron concebidos los proyectos, el Centro de Refinación Paraguaná, situado en el estado Falcón, que se conoce como el más grande en el mundo, en conjunto tienen una capacidad de procesar más de 900 mil barriles de petróleo y producir suficientes inventarios de gasolina y otros derivados o productos refinados.
El centro posee en los extremos de esa región dos refinerías. La más grande Amuay, con una capacidad de procesar 305 mil barriles diarios de crudo, mientras que Cardón 635 mil barriles diarios.
También están las refinerías de Puerto La Cruz (en Anzoátegui) de 120 mil barriles y El Palito (en Carabobo) de 140 mil barriles, que aportan suficientes barriles para el mercado.
Cuando el presidente Hugo Chávez asumió la Presidencia de la República en 1999 decidió imprimir un giro de 180 grados en la política petrolera venezolana para orientarla hacia la "recuperación" de la soberanía sobre el uso de los hidrocarburos, la reversión de la apertura petrolera (convenios operativos y las asociaciones estratégicas de la Faja Petrolífera).
Fue también parte de su política el apuntar a la defensa de los precios del petróleo y de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en la que Venezuela ocupa una importante posición no solo como productor, sino que también jugó un papel fundamental en las decisiones que se toman en el grupo petrolero.
Pero ese giro presidencial fue más allá de 180 grados.
Fueron promulgadas leyes clave en el negocio como la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Hidrocarburos Gaseosos.
Actualmente, el Gobierno apuesta a un amplio plan de negocios en la Faja con acuerdos bilaterales con países para desarrollar las áreas.
Recientemente completó la licitación de Proyecto Carabobo, en el que fueron adjudicados las áreas 1 y 3 para su explotación futura. No obstante, aún falta camino por recorrer, pues aún no están listos los contratos de las empresas mixtas para que comiencen a operar. En estos proyectos se prevé una producción de 800 mil barriles.
El Plan Siembra Petrolera 2005-2030 se hizo alineado con la política petrolera estatal.
En su primera fase hasta 2012, estimó una inversión de 76 mil millones de dólares para alcanzar una producción de 5,8 millones de barriles/día de crudo y de 11,5 mil millones de pies cúbicos de gas natural, además del aumento de la capacidad de refinación a 4,1 millones de barriles diarios.
Aunque el nivel de producción actual está lejos de ese nivel, según las cifras oficiales (de 2,8 millones de barriles de crudo) y de la OPEP (de 2,3 millones de barriles diarios), el Gobierno apuesta a la Faja.
El proyecto Siembra Petrolera también estableció la creación de los distritos sociales, el fomento de las empresas de producción social, el impulso de los núcleos de desarrollo endógeno, el apalancamiento de la política social del Estado y el aporte al Fondo de Desarrollo Económico y Social (Fonden).