Hace muy poco que el mundo se enteró de que el coltán también tiene sello de Made in Venezuela. Hasta más cotizado que los diamantes, el llamado oro azul, que abunda principalmente en África y Oceanía, apareció el año pasado por este lado del mundo.
Se trata de un anuncio muy reciente, que el mismísimo presidente de la República, Hugo Chávez, celebró a principios de año. "Pudiéramos tener una gigantesca reserva", dijo en enero en su mensaje anual a la Asamblea Nacional.
Altamente eficiente como conductor de electricidad para computadoras, teléfonos celulares y otros equipos electrónicos, el coltán se ha vuelto clave para la industria tecnológica. Y si los anuncios gubernamentales se concretan, el país ostentará una reserva mineral que bien pudiera ampliar el abanico de esta economía petrolera.
En Venezuela, de cualquier forma, el coltán apenas es una promesa. En el Ministerio para las Industrias Básicas y Minería aseguran que los estudios preliminares proyectan oro azul en un buen pedazo de los estados Amazonas y Bolívar. "En una evaluación muy preliminar, las reservas pudieran aproximarse a los 100.000 millones de dólares", dijo Chávez en la rendición de cuentas anual que dio en enero.
Mercado en ebullición
Las recientes aplicaciones del coltán han hecho que su precio se dispare: de unos 45 dólares por kilo en 1990, llegó a un máximo histórico de 700 a finales del año 2000. Una curva que varía con la misma tendencia que disminuye el tamaño de los equipos y el uso del tantalio para microchips de nueva generación.
Mientras que Brasil, Australia y Tailandia empiezan a agotar sus reservas, nuevos descubrimientos abren posibilidades para Venezuela y Colombia. Basta decir que la multinacional Sony tuvo que aplazar en el año 2000 el lanzamiento de la segunda versión del PlayStation 2 a causa de la poca oferta de coltán que hubo entonces.
"mineral de la muerte"
Aunque muy demandado, el oro azul no pinta color de rosa. También llamado como "el mineral de la muerte", su explotación en África ha estado ligada a conflictos bélicos para conseguir el control de este material, daños ambientales con repercusiones negativas sobre la flora y la fauna e, incluso, problemas de salud relacionados con las condiciones infrahumanas de la minería ilegal.
El Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas examinó el 3 de mayo de 2001 la explotación de los recursos naturales y riquezas de la República Democrática del Congo, cuyo territorio almacena cerca de 80% de la reserva de estos recursos. Ese día se firmó una condena contra la explotación ilícita de coltán, entre otros recursos.
"La fiebre del tántalo ha empujado a miles de mineros y esclavos al interior de los parques nacionales de Kahuzi-Biega (en Kivu-Sur) y Okapi, en el este del Congo", agregó el periodista Ramón Lobo el 2 de septiembre de 2001 en el diario El País, de España.
"Hace un año, la población de elefantes en estos parques era de 3.600; hoy apenas queda un par de familias", denunció. "Los soldados matan a los animales para comerciar con el marfil (enviado a Uganda y Ruanda) y vender su carne en los mercados locales o alimentar a la trouppe de trabajadores. Lo mismo sucede con los gorilas de la montaña. Hoy se calcula que existen entre 110 y 130 ejemplares, la mitad que en 1996, según la Fundación de Diana Fossey".
Dos en uno
El nombre "coltán" se deriva de una roca que presenta columbita y tantalita, minerales de los que se obtienen tantalio y niobio, utilizados en distintas industrias de aparatos eléctricos, centrales atómicas, misiles, fibra óptica, baterías de larga duración para equipos portátiles y, sobre todo, condensadores y teléfonos celulares.
Toda una joya que había pasado inadvertida en el macizo Guayanés de Venezuela. De hecho, son muy pocos detalles los que ha dado el Gobierno. Por lo pronto, el coltán tiene un halo de misterio sobre el sur del territorio nacional. Más allá de celebrar las minas de coltán que hay en el país, el Ministerio para las Industrias Básicas y Minería sólo ha adelantado un despliegue militar de 15.000 efectivos de la Guardia Nacional, el Ejército, la Armada y la Aviación para custodiar sus reservas en una misión a la que llaman Operación Oro Azul.
la versión criolla
La información oficial que ha dado a conocer el Gobierno asegura que las primeras noticias del coltán venezolano llegaron en agosto de 2009. El Instituto Nacional de Geología y Minería, Ingeomin, entonces recibió información sobre una explotación ilegal al norte de Puerto Ayacucho, estado Amazonas.
Según la cuarta edición de Paréntesis -la revista institucional del Ministerio para las Industrias Básicas y Minería- fue así como Venezuela se percató de que guarda oro azul dentro de sus fronteras. Una supuesta casualidad que ha llamado a vigilar las reservas.
No hay muchas más noticias sobre el tema, pero en la misma revista, el Ministerio anuncia la creación de una empresa nacional de minerales estratégicos, que abarcará una superficie de 176.300 kilómetros cuadrados, casi un quinto del mapa nacional: "Este plan se desarrollará en los municipios Cedeño del estado Bolívar, y Atures, Autana, Atabapo y Manapiare del estado Amazonas".
La región a evaluar comprende una extensa área dominada por sabanas, selvas tropicales y ríos de abundante caudal. Se trata de una de las más grandes reservas naturales de la región, lo que ha asustado a muchos ambientalistas.
En el Gobierno, sin embargo, dicen que no hay nada que temer, porque implementarán programas de desarrollo sustentable que generen beneficios en las comunidades involu- cradas.
"Es preciso destacar que al contrario de los procesos primitivos implementados en el África, la extracción de coltán estará signada por una minería sustentable, de forma responsable, subsanando el menoscabo que dicha actividad ocasione al ecosistema y que a su vez genere beneficios sociales y económicos que contribuyan con el desarrollo de las poblaciones mineras, mejorando la calidad de vida de las personas dedicadas a esta actividad". Ese es el reto y la promesa que lanza el Gobierno.