En un ambiente húmedo, rodeado de una selva densa en el extremo suroeste de Venezuela habita un coloso. Un gigante de gigantes, rey del mundo por su altura de 979,66 metros, comprobada por la National Geographic Society en mayo de 1949, cuando una fotoperiodista de nombre Ruth Robertson emprendió su expedición para conocer al titán del Auyantepui: El salto Ángel.
Ubicado en el Parque Nacional Canaima, con una extensión de 30.000 kilómetros cuadrados, en el estado Bolívar, el salto Ángel lleva este nombre gracias a la hazaña del piloto estadounidense Jimmy Ángel, quien el 9 de octubre de 1937 decidió aterrizar su avioneta modelo Flamingo, de siglas NC-9487 y bautizada bajo el seudónimo de Río Caroní, en la cumbre del cerro.
Sin embargo, las páginas de la Historia dan a conocer a la caída de agua más alta del mundo bajo el nombre de Kerepakupai Vená, Kerepakupai merú o Parekupa, esto debido al nombre que le concedió la comunidad pemón, habitantes del lugar, en su idioma.
Pero más allá de saber cuál es el verdadero nombre de este prodigio de la naturaleza, lo importante es reconocer que solo en Venezuela se puede presenciar la inmensidad de este tepuy, que retumba en la sabana y que permite experimentar una sensación única, a todo aquel que decide aventurarse a conocer de cerca esta "Cascada de los dioses", decretada Patrimonio de la Humanidad en 1994.
Y es que la mejor palabra para describir un viaje al salto Ángel es aventura. Ya que desde que comienza la osadía por conocer la supremacía de esta formación geológica, las personas experimentan la sensación de estar en un mundo paralelo, un lugar donde el surrealismo parece estar presente en cada espacio en el que la vista se posa.
Por ser una de las mayores atracciones turísticas del país, el Kerepakupai merú, como está señalado en el mapa que se encuentra en las instalaciones del Parque Nacional Canaima, recibe cientos de visitas al año, provenientes de diferentes partes del mundo. Sin embargo, el mayor número de excursiones se realiza entre mayo y diciembre, esto debido a que las precipitaciones son mayores y permiten que la principal vía de acceso al Auyantepui (Montaña del Diablo en pemón), los ríos Carrao y Churún, estén en optimas condiciones para soportar el peso de las embarcaciones, el transporte de la zona.
Para llegar al paraíso de los tepuyes, los excursionistas pueden trasladarse en avión hasta el aeropuerto Manuel Piar de Puerto Ordaz o Tomás de Heres en Ciudad Bolívar, y desde ahí tomar un vuelo chárter hasta el aeropuerto de Canaima, para emprender la visita guiados por la compañía turística que hayan preferido como tutores.
No obstante, el acceso al Parque Nacional Canaima también se puede hacer por carretera. Aunque es la opción más económica para el traslado, la travesía implica un viaje extenso que se ve recompensado por la hermosura del paisaje y los diferentes puntos de parada que hacen de la travesía una experiencia sin comparaciones.
Las paradas más conocidas son el Kilómetro 88 en el pueblo de San Isidro, en donde se puede recargar gasolina antes de llegar a Santa Elena de Uairén. Las minas de Caolín, uno de los mayores yacimientos de arena blanca de la nación. La Piedra de La Virgen, una formación rocosa de aproximadamente 80 metros de altura que es comúnmente visitada por los turistas devotos a la Virgen María, y el salto el Danto, una cascada escalonada de 335 metros de altura que da la bienvenida a los excursionista mostrando toda su belleza con cientos de miles de litros de agua fluyendo.
Algunas personas deciden vivir la experiencia del salto Ángel a través de las ventanas de un aeroplano que se puede alquilar en el aeropuerto de Canaima, el cual sobrevuela los alrededores de esta arquitectura prehistórica. Aunque en esta modalidad de travesía existe un riesgo, ya que si hay mucha nubosidad la vista puede ser imposible.
De igual manera, los turistas tienen la posibilidad de pisar la cima del Auyantepui gracias a las compañías de helicópteros presentes en la zona. Pero vale destacar que estos servicios tienen un precio razonable que dependerá de la disponibilidad monetaria de aquel que se decida por ver desde el cielo la inmensidad del Kerepakupai merú.
Otros más aventureros, luego de instalarse en los diferentes campamentos de la zona que son atendidos con cordialidad por los pemones y personas de gran tiempo en el oficio del turismo como Mary García de Waku Lodge, deciden embarcarse en la curiara (hecha de tronco de laurel tallado) y emprenden la travesía desde la laguna de Canaima o el río Carrao, para visitar las isla Orquídea, isla Ratón, salto el Sapo y navegar por el río Churún hasta llegar a los pies de la gran catedral de la sabana.
El recorrido en curiara puede durar más de tres horas, dependiendo del nivel del río, de estar bajo en algunas ocasiones el guía pemón, especialista fluvial, le solicitará descender de la embarcación para empujar ya que las rocas impiden su desplazamiento, pero no se asuste, esto forma parte de la gran experiencia que permite vivir Canaima, con aguas frías de color rojizo, con su flora y fauna única en el mundo que llenan de colorido cada mañana cuando el sol despierta e ilumina la sabana y sus noches silenciosas bajo la luz de las estrellas que permiten pensar y reflexionar que Venezuela tiene en su geografía uno de los mejores lugares del mundo.