Un espacio cargado de sueños, de diversión, de cultura y de muchas preguntas, cada una con sus respuestas, es lo que representa el río Acequias, ubicado en el municipio Pedraza, eje andino del estado Barinas.
A pesar de que esta zona solo ha cambiado de nombre, La Acequia -como se le conoce en la actualidad- no pierde sus orígenes, y en este lugar todavía se pueden encontrar pobladores que conviven como los aborígenes, en medio de la naturaleza y abasteciéndose de lo que ella provee.
Eso demuestra que La Acequia es un lugar especial que no ha podido ser alcanzado por el sistema urbano, y aunque las personas que lo visitan tienen acceso en vehículos de motor, internarse en sus bosques permite desconectarse de la ciudad calurosa, ruidosa, agitada y generadora de estrés.
La melodía de las aves, el colorido de la vegetación y el encanto de los lugareños tienen inspiración en las caudalosas aguas del río Acequias, que en el fuerte verano del año 2010 no ha perdido su embeleso y sigue siendo un escenario de experiencias acuáticas.
Las aguas de La Acequia provienen de la montaña, de los Andes, y en su trayecto al Llano no cambia de temperatura, se mantiene fría, y las hace refrescantes para quienes atraviesan el estado Barinas, por donde existe la única vialidad moderna que conduce a las personas hasta ellas.
Pero los hombres han logrado conseguir una forma distinta de disfrutar del río Acequias, el rafting, que llegó a la zona por iniciativa de Tom Evenu, un suizo que pisó tierras venezolanas en 1989, y dos años después, en su curiosidad por conocer más de la naturaleza venezolana, llegó a La Acequia.
Bañarse en las frías aguas de La Acequia fue para este hombre de origen europeo el inicio de una relación amorosa con la naturaleza donde todavía pasa muchos días sin enterarse de lo que sucede en el monstruo de concreto que está a pocos kilómetros de distancia.
La tranquilidad que transmite el río ha llevado a Evenu a pernoctar junto a él, sin malicia, como un guardián y portavoz de su belleza, a través del cual el mundo se ha enterado de que existe un lugar distinto.
Rafting en la zona
Más que relatar las historias vividas en el río Acequias, Tom Evenu vio cómo los jóvenes de la zona disfrutaban de las caudalosas aguas en una "tripa", de la cual despertó su interés de sentir la diversión.
La experiencia de recorrer el río, estar sobre las aguas y saber que se podía mantener el control, llevó al suizo a instaurar en La Acequia una empresa de diversión para propios y extraños.
El rafting nace de la idea de Evenu y un socio, que al cabo de cuatro años desistió de continuar indagando en el turismo. En solitario, el suizo decide avanzar en su relación amorosa con el río Acequias, que cada día lo inquietaba más.
La actividad de descenso por las aguas de La Acequia capturó la atención de las personas, quienes rápidamente empezaron a vivir la experiencia aventurera.
Tras cinco años de convivencia en La Acequia, en 1996, Evenu impulsó la actividad como la innovación, por la que han pasado turistas de diferentes partes del mundo: rusos, iraquíes, uruguayos, argentinos, franceses, norteamericanos y tonganeses, entre otros, siendo los europeos los de mayor frecuencia en visitas.
La temporada de invierno es la mejor para la práctica del rafting, y en verano la diversión en La Acequia no para, debido a que ahora han nacido otros modos de disfrutar este paraíso verde barinés.
La "tripa" no ha desaparecido, sin embargo, desde la aparición del rafting se ha perfeccionado su modalidad.
De Sinigüis a Ticoporo
La historia no podrá cambiar para quienes han dedicado su vida a la investigación de la naturaleza, sus habitantes y culturas de antepasados. Por esta razón es que José Acosta, de 54 años, ha consumido 40 en la montaña.
"Cati", como se le conoce, cree que los petroglifos que hay en la zona permiten determinar que los aborígenes vivieron en un paraíso, que para él "es el último reservorio verde que le queda al estado Barinas".
De aspecto hippy, espigado y de tez blanca, "Cati" tiene apariencia de hombre sano y se considera un verdadero "revolucionario", con una ideología basada en la defensa del espacio natural. Tras cuatro décadas de haber salido de la calle Real de Sabana Grande, en Caracas, está seguro de que su felicidad no está en la ciudad.
El nacimiento del río Acequias está en el chorro de La Gata, en la Sierra Nevada, de donde salen las aguas del Sinigüis, como los aborígenes llamaban al caudal que hoy es La Acequia.
Hace 20 años, "Cati" se mudó de la montaña de San Juan Bautista -límites de Mérida y Barinas- a La Acequia, atraído por la cultura indígena, y el primer letrero encontrado por él a orilla de carretera indicaba que el río se llamaba Ticoporo, no Sinigüis como era su idea. Años más tarde, este residente de la montaña entendió por qué empezaron a llamarlo La Acequia.
"Era una zona productora de arroz, y cuando llegaba el tiempo de sequía, la gente venía a esta parte a trabajar para comer, el río era la garantía de que la cosecha no se perdía, y en la actualidad sigue siendo de gran importancia".
Lo cristalino de las aguas hace un inédito contraste con las hojas verdes de los árboles, que al cumplir su ciclo de vida caen y se dejan llevar por las corrientes hasta su desaparición total. Su inspiración ha sido desde siempre, tanto así, que en 1999, en el río Acequias se preparó el relanzamiento de la marca de refrescos Chinotto.
Como ecologista, "Cati" forma parte de una campaña para la reforestación del sector que permita conservar aun más el río, a través de la cual aspiran a recoger 24 mil semillas para una primera fase de siembra.