No hacen falta grandes presentaciones para hablar del río Caroní. Un solo dato es suficiente para ilustrar toda su capacidad. Y es que su cuenca representa el mayor potencial hidroeléctrico del país y de Latinoamérica, pues es capaz de generar 24.920 megavatios de energía pura y no contaminante.
Está localizado al sur de Venezuela, específicamente en el estado Bolívar, una tierra que fue bendecida por la naturaleza con abundantes recursos naturales. Tiene una superficie de 92.170 kilómetros cuadrados, una longitud de 950 kilómetros y su actividad representa casi 40% del total del potencial hidroeléctrico del país.
A pesar de estar pasando por un mal rato, producido por la extensa sequía generada por el fenómeno natural El Niño, el Caroní tiene uno de los regímenes de precipitaciones más altos del mundo. Un informe de la Corporación Venezolana de Guayana y Edelca del 2004, apunta que el promedio de lluvia en la cuenca es de 2.900 milímetros, y tiene zonas en donde alcanza los 6.000 milímetros, hasta siete veces más de lo que llueve en Caracas.
El aporte promedio anual del Caroní al Guri se ubica entre 4.800 y 5.200 metros cúbicos por segundo y en su peor época de sequía, puede ubicarse entre 500 y 700 metros cúbicos por segundo. Históricamente, la curva de los aportes al embalse del Guri en el período 1950-2010, demuestra que se han generado niveles más bajos de los que tiene actualmente el río.
Por su geografía, el torrente ha sido dividido en Alto y Bajo Caroní. Hasta la fecha, la parte baja ha sido aprovechada a través de la Central Simón Bolívar -mejor conocida como Guri- Macagua, Caruachi y Tocoma, que aún se encuentra en construcción y se espera finalizar en el próximo 2012, aunque el proyecto original establecía como año de entrega el 2010.
17.670 megavatios se pueden generar a través de las cuatro represas, sin embargo, el Caroní aún tiene mucho para dar. Eduardo Páez Pumar, ingeniero civil y miembro de las comisiones de Energía y Agua de Fedecámaras, asegura que aún se pueden generar 10 mil megavatios más si se construyen represas en la parte alta del río.
Con las centrales hidroeléctricas de Tayucay (1.800 MW), Eutobarima (2.700 mW), Aripichi (2.800 MW) y Auraima (2.700 MW) se puede generar un total de 10.000 megavatios, un nivel similar al de la Central Hidroeléctrica del Guri, apunta el ingeniero. Tan solo en Caracas, se consume un promedio de 2.200 megavatios.
Los proyectos ya existen, datan de los años 60, pero en este Gobierno han conseguido más detractores que seguidores. En varias ocasiones el presidente Chávez ha criticado los efectos negativos que tendría para el medio ambiente el desarrollo de los cuatro proyectos de presas en la parte alta. "Imagínense el daño ecológico que le habríamos causado a la selva y a la zona del Alto Caroní. Tumbamos esta locura y comenzamos a recuperar nuestro gas y a utilizar esta energía", dijo hace escasos cuatro meses el presidente de la República.
Pero, a pesar de las críticas del Estado, hay quienes siguen defendiendo el potencial del agua. "El Caroní es uno de los ríos más excepcionales de toda Latinoamérica, es una gran fuente de energía limpia y explotable por largo tiempo. La vida útil de una represa es de casi 100 años, así que hay mucho por aprovechar", dice Fernando Castro, presidente de la Comisión de Cuencas y Acueductos de Fedecámaras.
Al respecto, Páez Pumar, quien también representa la Asociación Integral de Políticas Públicas, asegura que es necesario realizar un estudio ambiental antes de ejecutar este tipo de proyectos, así como se hizo en la tercera etapa de Macagua, pues esta presa pudo haber afectado el flujo de agua hacia el parque La Llovizna.
"Tendríamos que revisar si no afecta a Canaima u otras reservas naturales, pero lo que sí es cierto es que la hidroelectricidad no contamina el ambiente. Además, si nos basamos en un sistema termoeléctrico, estaríamos consumiendo el recurso que representa nuestro principal ingreso", reflexiona el ingeniero.
Minería limita potencial
Históricamente la explotación minera ha afectado la naturaleza y el Caroní no es la excepción. Ya en el 2004, en el estudio Plan Maestro de la Cuenca del Río Caroní, producido por la CVG, se advertía que la explotación de minerales preciosos se realizaba de forma desorganizada y precaria, generando conflictos ambientales que podrían "afectar seriamente la operación de los desarrollos hidroeléctricos".
El más reciente informe de la Academia Nacional de la Ingeniería y el Hábitat demuestra que 40% de la cuenca del Caroní, equivalente a 37.000 kilómetros cuadrados, ha sido destruida por la actividad minera ilegal. La investigación señala que al menos 40 equipos de mineros con brasileños, colombianos y guyaneses estarían degradando varios de los afluyentes del Caroní.
Frente a esta realidad, resulta contradictorio que el Gobierno rechace la construcción de más represas, pero siga sin avanzar en la lucha contra la minería ilegal que poco a poco va disminuyendo la capacidad de generar energía natural.
Páez Pumar recuerda que la capa vegetal que rodea el Caroní es bastante delicada. "Ellos suelen usar agua a presión, terminan levantando una capa vegetal que luego no tiene manera de recuperarse. La destrucción que genera la minería ilegal no se puede comparar el posible daño que puede generar la construcción de un embalse", detalla el especialista.
Y aunque la decisión del Gobierno vaya en contra de la creación de nuevas represas, igual queda de parte de las autoridades evitar el aumento de la degradación ambiental.