Sin proponérselo ha vuelto a ocupar las portadas de los periódicos. Hoy luce como un símbolo de supervivencia, como el flotador que salvará al país del "colapso". Pero en realidad lo que ocurre por estos días solo agiganta su importancia y obliga a recordar la significación que tuvo durante la segunda mitad del siglo pasado.
En el cañón de Necuima, 100 kilómetros aguas arriba de la desembocadura del río Caroní en el Orinoco. Justo allí está la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar -desde 2006 ese es su nombre oficial-, la antigua Central Hidroeléctrica Raúl Leoni. Allí está "el Guri", como lo llama la mayoría de la población.
Al término de su construcción en 1986 era la represa de mayor potencia instalada en el planeta y tenía la misión de suministrar las dos terceras partes de la electricidad que consumía el país. "La central hidroeléctrica más grande del mundo", resumió uno de los titulares de El Universaldel domingo 9 de noviembre de aquel año.
"Aquí en Guri está ante todos nosotros la prueba fehaciente, indiscutible, de que somos un pueblo capaz de soñar con el futuro y construirlo", dijo el entonces presidente de la República, Jaime Lusinchi, en el discurso de inauguración.
Y es que Guri se interpretó y se erigió como el símbolo, como el faro de la modernidad anhelada por la nación. "Aquí está tangible y real el verdadero rostro de Venezuela", alcanzó a decir el mandatario en otro instante de su alocución.
Han pasado casi 50 años del inicio de su edificación y Guri solo está por detrás de la hidroeléctrica Las Tres Gargantas de China y del complejo binacional entre Brasil y Paraguay, Itaipú.
"Un Guri es envidia de cualquier país", afirma Miguel Lara, ex gerente general de la Oficina de Operación de Sistemas Interconectados (Opsis).
Los 10.000 megavatios (Mw) que es capaz de generar siguen representando un 70% de la demanda eléctrica nacional. Sin embargo, el camino para llegar a esa "potencia máxima efectiva" fue largo: se necesitó casi un cuarto de siglo de trabajo, se emplearon alrededor de 1.498.589 toneladas de concreto y 30.100 millones de bolívares.
La primera etapa del Guri se ejecutó entre 1963 y 1978, año cuando entraron en funcionamiento 10 unidades generadoras de la casa de máquinas número 1. Para ese entonces la capacidad instalada era de 2.065 Mw y la cota máxima del embalse era de 215 metros sobre el nivel del mar.
Raúl Leoni era el presidente de la República cuando se iniciaron esos trabajos. En 1968, fecha cuando culminó la fase inicial de la primera etapa del proyecto, el mandatario oriundo del estado Bolívar resumió el sentido de la obra.
"Esta no es una obra para nosotros ni para hoy. Es para todos los venezolanos y es para muchos años. No es la obra para una región, ni para determinados hombres, ni para algunas industrias. Es para toda Venezuela. Para todos los habitantes de Venezuela y para todas las actividades donde sea útil".
La segunda etapa del proyecto se prolongó desde 1978 a 1986. La presa de gravedad y el aliviadero pasaron a 275 metros sobre el nivel del mar, mientras que la entrada en operaciones de la casa de máquinas número 2, con 10 unidades más de generación, aportó una capacidad de 8.000 Mw.
Paralelamente a la ampliación de la obra y al incremento de su potencia, también fue aumentando el aporte de la mano de obra y la ingeniería venezolana, así como la participación del capital local.
No llega por azar
El ingeniero electricista Jorge Pirela considera que fue gracias a la ejecución de una política de Estado en materia eléctrica que pudieron levantarse obras que sacaron a Venezuela de la "oscurana" que era hasta la primera mitad del siglo XX.
"La electricidad no llega por azar. Toda la continuidad de una política de Estado de desarrollo eléctrico fue lo que permitió eso. El desarrollo eléctrico del país pasaba de un gobierno a otro y se mantenía", sostiene quien fue el último gerente general que tuvo la Electricidad de Caracas antes de ser adquirida por la empresa norteamericana AES.
Aunque no fue sino en 1963 cuando empezó la construcción de la central hidroeléctrica, entre 1947 y 1957 se había desarrollado el Primer Plan de Electrificación del país. La Comisión de Estudios para la Electrificación del Caroní, creada en 1953, fue sólo una de las tareas que se adelantaron con ese primer plan.
Pirela fue uno de los integrantes de aquella comisión y recuerda que "Venezuela era un país totalmente oscuro" que en 1947 apenas contaba con una capacidad de generación de 174 Mw. Sin embargo, la coherencia y la continuidad de unas políticas públicas hicieron que esa cifra subiera hasta los 4.900 Mw 30 años después.
"Desde el principio se pensó el desarrollo hidroeléctrico de dos polos: los Andes y Guayana", explica Pirela.
Precisamente, fue esa visión inicial la que permitió materializar años después un cúmulo de obras, así como avanzar en un sistema de transmisión y distribución eléctrica nacional. El conjunto hidroeléctrico Uribante-Caparo, en el occidente del país, cuya primera fase se completó a mediados de la década de los 80, es otro buen ejemplo.
energías limpias
Tanto Miguel Lara como Jorge Pirela creen que es posible reeditar en el país la construcción de grandes obras en materia eléctrica, siempre y cuando se retome la planificación.
"El sector eléctrico hay que planificarlo a 20 años, por lo menos", apunta Pirela. Aunque no descartan nuevos desarrollos hidroeléctricos, están convencidos de que además de la generación termoeléctrica el país debe implementar en los próximos años las llamadas "energías limpias", como la eólica y la solar.
"Hay que ir a cosas adicionales a las que tenemos hoy", destaca Pirela, quien estima necesaria la inversión de unos 20.000 millones de dólares en el campo eléctrico para el mediano plazo.
Lara reconoce que inicialmente estas energías pueden resultar más costosas, pero subraya la conveniencia de orientarse hacia esos proyectos. "En el largo plazo no se está usando combustible, no se contamina el ambiente y se avanza en una tecnología nueva que es un recurso renovable".
El del Guri puede y debe servir de ejemplo. Incluso, las palabras de Jaime Lusinchi tienen cierta vigencia. "Guri hoy, con su enérgica voz poderosa, nos invita y nos convoca a persistir en el esfuerzo creador".