Los morros de san Juan forman un paisaje extraordinariamente imponente, de una gran belleza, que "se llevan el espíritu humano a través de las pupilas de los ojos"
Hace aproximadamente unos sesenta y cinco millones de años, en una angosta orilla marina de aguas cristalinas, con una temperatura promedio de 25 grados centígrados y a una profundidad de entre 50 y 150 metros (suficiente para garantizar la penetración de la luz solar) comenzaron a formarse los Morros de San Juan como arrecifes coralinos en la parte norte central de Venezuela.
Corrían los años, y con ellos los siglos, entre el período Paleoceno - Eoceno de la era geológica, con un aumento importante de la temperatura. El clima se hizo cálido y húmedo. Las condiciones tropicales dieron lugar a una abundante vida marina, incluidos los arrecifes de coral. Éstos nacieron producto de una íntima asociación (simbiosis) entre las algas calcáreas microscópicas (zooxanthellas) y los pólipos de coral. Las primeras, como organismos con una mayor responsabilidad en el crecimiento del arrecife, por su "lucha" contra el constante movimiento de las olas oceánicas, estaban encargadas de realizar la fotosíntesis y engalanar con sus colores a los segundos, unos animalitos blancos de apenas unos milímetros de diámetro, que tienen la capacidad de fijar sobre sus tejidos el calcio disuelto en el mar, construyendo así la estructura calcárea de apariencia rocosa del coral y por ende, del arrecife. Pero las formas dentadas testimoniales de desarrollo vertical: "Morros", como los conocemos hoy en día, entre 500 y 800 metros de altura, notablemente desarrollados en el área de San Juan y San Sebastián de Los Reyes (estados Guárico y Aragua) son producto de un proceso tectónico que determinó el surgimiento de la serranía del interior, hace unos 12 millones de años. Aún se levanta lentamente y las fuerzas estructurales se expresan periódicamente en sismos de variada intensidad, sacudiendo este complejo mosaico geológico.
El monumento natural Morros de San Juan de una superficie de 2.755 hectáreas y una altitud de 1.068 metros sobre el nivel del mar, fue decretado como Monumento Nacional Arístides Rojas el 11 de noviembre de 1949. Los Morros de San Sebastián corrieron otra suerte, la explotación comercial de minerales no metálicos como la calcita y la dolomita, descubren hoy día sus entrañas.
El fisiólogo Carlos Sachs dice que el aspecto abrupto y resquebrajado de los morros ha despertado la fantasía del pueblo. A los ojos de Ramón Páez, el hijo del general, "ofrecen el aspecto de dos enormes y arruinados castillos". "Piedra en perenne desvelo" sugiere Ernesto Luis Rodríguez. Pal Rosti (1857) maravillado al realizar las primeras fotografías de "los titanes de coral", casi se ahoga en el río Guárico, reseña Adolfo Rodríguez (2008). Lo indiscutible es que los morros forman un paisaje imponente de una gran belleza, que "se llevan el espíritu humano a través de las pupilas de los ojos", y constituyen un potencial turístico insospechado, como lo expresa Argenis Ranuares cronista de la ciudad de San Juan.
