HHH Japón es un país muy pequeño, tan pequeño que entraría casi tres veces en Venezuela y, sin embargo, tiene cinco veces la población venezolana. Para ilustrar la densidad demográfica de Japón se puede decir que es como el estado Bolívar pero con una población de 127 millones de habitantes. Pero en Japón no hay petróleo, ni hierro, ni aluminio, ni oro, ni azúcar, ni café, ni cacao, ni ganado. Lo único que hay son montañas, terremotos, tsunamis... y una población altamente preparada. La riqueza y la ventaja competitiva de Japón radican en su gente: una población instruida y calificada que ha utilizado el comercio para progresar.
Según el conocido analista japonés Kenichi Ohmae, a los japoneses les enseñan desde pequeños que Japón es un país pobre y sin recursos, donde para "sobrevivir" hay que estudiar y trabajar duro. A los brasileños, por otro lado, les dicen que viven en el "maior país do mundo" y que cuentan con todos los recursos imaginables. Los resultados tan distintos de la educación en Japón y Brasil, o en Venezuela, hablan por sí solos. Japón es un país pobre pero con gente rica, mientras que Brasil y Venezuela son países ricos pero con gente pobre. Además, mientras que la educación en Japón sirve para generar riqueza nueva, en Brasil y Venezuela solo sirve para acceder a la riqueza ya existente en forma de recursos naturales y no para generar riqueza adicional.
Comercio y crecimiento
Japón fue un país cerrado al comercio internacional durante siglos, hasta que en 1852 el oficial naval Matthew Perry de Estados Unidos de América forzó la apertura frente a los demás países extranjeros. Hasta entonces, solo algunos barcos holandeses y portugueses podían comerciar en puertos especiales designados por el gobierno de Japón.
A partir de la revolución Meiji en 1868, Japón se abrió aceleradamente al mundo y así comenzó un rápido proceso de crecimiento económico, el cual fue bruscamente interrumpido durante la Segunda Guerra Mundial.
Luego vino el llamado "milagro económico japonés" durante las décadas de 1960 y 1970, con tasas de crecimiento anual del 10% y más. El comercio internacional es una de las principales razones que explican como Japón pasó de ser un país relativamente pobre y atrasado a finales del siglo XIX a convertirse en una de las potencias mundiales a finales del siglo XX.
Japón creció mucho después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el país se abrió definitivamente al comercio mundial como una alternativa económica pacífica a su belicosidad política anterior. Hoy se puede decir que Japón ha ganado gracias al comercio internacional lo que nunca pudo conquistar a la fuerza con sus armas. Japón ha demostrado que la apertura económica es fundamental para acelerar el crecimiento.
Maestros y no militares
El general Maresuke Nogi fue el gran prócer nacional japonés que triunfó sobre el Ejército ruso durante la guerra ruso-japonesa entre 1904 y 1905. Después de haber ganado al poderoso Ejército ruso, el emperador Meiji le preguntó al general sobre qué quería hacer. El general Nogi respondió humildemente que quería dedicarse a la educación durante el resto de su vida. Ante esa sorprendente respuesta el emperador Meiji le dijo que cuál universidad prefería, pero el general Nogi respondió, con su característica humildad, que no quería una gran universidad sino un pequeño colegio. Fue así como en 1907 el general Nogi, el máximo héroe japonés de inicios de siglo XX, se convirtió en director de la pequeña Escuela Peers' en Tokio.
El 13 de septiembre de 1912 el general Nogi y su esposa cometieron el tradicional suicidio hara-quiri (del japonés "abrir el vientre") a la muerte del emperador Meiji, como era costumbre para los más allegados al emperador. El general donó su cuerpo para investigaciones médicas y dejó viva su enorme preocupación por los "bajos" niveles educativos de su país. Desde ese entonces Japón se ha esmerado quizás como ningún otro país para elevar su nivel educativo. ¡Ojalá que los militares venezolanos aprendieran del general Nogi y se retiraran para fundar escuelas o cometieran suicidio para invertir sus suntuosas jubilaciones en los niños más necesitados!
Después de su derrota en la Segunda Guerra Mundial, Japón eliminó su capacidad bélica ofensiva y redujo sus fuerzas armadas para dedicarse solo a la defensa. Así se decidió también invertir más dinero en maestros y menos en militares.
La culpa no es de los japoneses
En Venezuela nos encanta echarle la culpa de nuestros males a los extranjeros. Durante el siglo XIX la culpa era "obviamente" de los españoles que nos dejaron un país en ruinas. Durante el siglo XX se puso de moda echarle la culpa de todos nuestros males a los "gringos". Al paso que vamos, en el siglo XXI terminaremos echándole la culpa de nuestros problemas a los japoneses... o a los chinos... o hasta a los africanos. Pero la culpa es nuestra y solo nuestra. La culpa de la "africanización" de Venezuela no es de los africanos sino de nosotros los venezolanos.
El mundo ha cambiado y tenemos que entender que la riqueza humana está precisamente en los seres humanos. Debemos dejar atrás la noción de que la riqueza está fuera de la gente. En el siglo XIX muchos pensaban que la riqueza estaba sobre la tierra en la forma de cacao, café y ganado; y en el siglo XX que la riqueza estaba debajo de la tierra como los recursos minerales y el petróleo. Ahora sabemos que la riqueza no está afuera, arriba o debajo de la tierra. La verdadera riqueza está dentro de cada ser humano, y ésa es la riqueza que hay que promover: la riqueza humana que es la mejor distribuida en todo el mundo.