HHH Para entender el éxito de EEUU tenemos que revisar las páginas de su historia. A raíz de la independencia hace su aparición una pléyade de hombres extraordinarios. Inspirados por el pensamiento de filósofos como Montesquieu, Rousseau y Locke, personajes de la talla de Benjamín Franklin, Thomas Jefferson, George Washington, John Adams, John Jay, James Madison y Alexander Hamilton -los padres fundadores- marcan con su impronta el nacimiento de una nación a la cual por primera vez se le dio el nombre de EEUU de América el 4 de julio de 1776. Ese día el Congreso General de Filadelfia votó la Declaración de Independencia y proclamó la unión solidaria de las trece colonias inglesas norteamericanas.
La Constitución de EEUU, aprobada en 1788, es un producto de la Ilustración del siglo XVIII. En apenas 7 artículos y sus posteriores enmiendas, quedaban establecidas las bases que desatarían la saga de esa nación que llegaría a irrumpir como la primera potencia mundial.
La frase inicial de aquella Constitución: We the people (nosotros el pueblo), enfatiza su carácter democrático. Queda grabado en bronce el principio de la separación de los poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial, totalmente independientes entre sí, reflejando las ideas de Montesquieu (le pouvoir arrête le pouvoir). Se recoge también el derecho al debido proceso tomado de las leyes anglosajonas y queda establecido el concepto de un tipo de gobierno que debe ser democrático, republicano y federal. La preocupación fundamental que se desprende del texto es la relación entre la libertad individual y el poder coercitivo del gobierno. El gobierno depende de los ciudadanos y no a la inversa.
El éxito de EEUU se basó en un conjunto de características: la solidez de sus instituciones y su democracia, su pragmatismo, la seguridad jurídica, el respeto a la propiedad privada, la libre iniciativa y las libertades ciudadanas, la libertad de prensa y de expresión, la fuerza de sus trabajadores y de sus empresarios, su laboriosidad, así como las riquezas de su inmenso territorio.
El enfrentamiento de dos sistemas
Al concluir la II Guerra Mundial, dos sistemas se enfrentaron en el mundo: el capitalismo, y el comunismo.
En el sistema que regía en la URSS (y otros países de igual orientación) todo el poder se concentraba en manos de unos gobernantes que podían controlarlo y decidirlo todo. El Estado era el propietario de los medios de producción. En el socialismo el planificador central -después de atender prioritariamente los requerimientos del Estado- destinaba el remanente a satisfacer lo que en su opinión eran las necesidades de la población, sin contar para ello con un mecanismo de orientación diferente a las decisiones del régimen. El Estado tenía primacía sobre el ciudadano y sus necesidades, a la vez que las libertades eran restringidas en aras de un supuesto bienestar colectivo. Por esta vía el socialismo fue capaz de crear estados poderosos y ejércitos temibles, pero no de lograr el bienestar de la sociedad. En los países comunistas la libertad siempre brilló por su ausencia.
En el capitalismo -a cuya cabeza se encuentra EEUU- los particulares son los propietarios de los medios de producción. A través de la oferta y la demanda y de millones de transacciones que a cada instante tienen lugar en el mercado se determina qué se produce, cuánto se produce y a qué precio se vende, lo cual desencadena las fuerzas productivas que estimulan el crecimiento de la economía. El gobierno depende de los impuestos que pagan los ciudadanos, quienes a la vez eligen a sus autoridades, orientando así el rumbo que va tomando la sociedad. La libertad es inherente al sistema.
En la Guerra Fría prevaleció el capitalismo. Venció el sistema capaz de garantizar mayores libertades y permitir que los ciudadanos, a través del libre ejercicio de su iniciativa particular, pudiesen alcanzar un mejor nivel de vida. Cayó el Muro de Berlín, se desintegró la URSS y el comunismo, tal como se le conocía, quedó relegado a dos países: Cuba y Corea del Norte. El éxito que vive China es atribuible al capitalismo y su falta de libertades al comunismo. Para poder seguir creciendo China tendrá que renunciar progresivamente su pasado comunista y se acercará cada vez más al mercado de los Estados Unidos, el mayor del mundo.
La economía
El sistema capitalista ha sido capaz desencadenar las potencialidades de la economía de EEUU y en consecuencia el bienestar de su población. La crisis de los sectores inmobiliario y financiero, que hundió a ese país y al mundo en la más fuerte recesión desde la Gran Depresión de 1929, provocó una caída del PIB de los Estados Unidos del orden de un 6,4% en el cuarto trimestre del 2009. Sin embargo, su economía ha demostrado una enorme fortaleza.
La Reserva Federal (FED) estima que la economía crecerá en el 2010 entre un 2,8 y un 3,5%, sin embargo, se mantendrá un estancamiento del empleo a niveles preocupantes. De hecho, durante el primer trimestre del 2010, la economía creció a su ritmo más fuerte en seis años.
A pesar de la recesión que parece estar llegando a su término, la economía estadounidense, con un PIB del orden de los 14.000.000 de millones de dólares, es superior a la suma de las cuatro mayores economías mundiales que le siguen en la lista. Su PIB per cápita alcanza a $46.000 y no obstante el fuerte endeudamiento, profundizado por los auxilios financieros, el dólar sigue manteniendo una fortaleza envidiable.
Lejos de vivir una crisis terminal como afirman sus críticos, el capitalismo -al igual que la economía de Estados Unidos- está atravesando por una de sus periódicas fases de depuración.