Tierra mágica es la conclusión más exacta a la que pueden llegar propios y extraños al contemplar el estado Amazonas. Y es que en pocos lugares del mundo coinciden una reserva de biosfera, naturaleza exótica, animales en vías de extinción y habitantes originarios.
Definitivamente la naturale za alcanzó su máxima perfección en los 177 mil 617 kilómetros cuadrados que conforman el majestuoso paisaje enclavado al sur del país. Tepuyes, cerros, piedras, raudales y ríos sobresalen en esta densa selva tropical húmeda que conforma el 19,38% de la geografía venezolana, lo que lo ubica como el segundo estado con mayor superficie del país y paradójicamente el de menor población con 153.580 habitantes, de los cuales 25% es indígena, según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
El otrora Territorio Federal Amazonas fue creado en 1864, con capital en San Fernando de Atabapo. En 1928 el general Juan Vicente Gómez decide trasladar la capital a Puerto Ayacucho para facilitar las conexiones con Caracas. En julio de 1992 el Congreso Nacional eleva el entonces Territorio a Estado, dos años más tarde agregan 3 municipios a los 4 existentes conformando la actual división político territorial de la entidad: municipios Alto Orinoco, Atabapo, Atures, Autana, Guainía, Manapiare y Río Negro.
Al ser predominantemente una región selvática, las vías terrestres de Amazonas son precarias y en gran parte del territorio inexistentes. Las vías por excelencia son las aéreas y las vías fluviales, aunque en esta última la navegación dependerá de la época, ya que en muchos casos el tránsito fluvial por riachuelos se complica en época de sequías.
"La parte de los servicios, vialidad, las carreteras y la capacidad hotelera" son los principales problemas a la hora de visitar la región, según destacó la secretaria de Turismo de la Gobernación de Amazonas, Amanda Barrios.
Las carreteras que conducen a Puerto Ayacucho, la capital de la región, que alberga uno de los llamados "pulmones del mundo", generalmente están en mal estado. La vía de los Llanos, la más usada actualmente, está en condiciones deplorables. Hasta hace un año se debía atravesar tres ríos en chalana: Puerto Páez, La Macanilla y Cinaruco (Apure). Construidos los dos puentes sólo queda el paso de Puerto Páez, el cual se dificulta pasar en época de sequía. Por la vía Caicara del Orinoco (Bolívar) y Cabruta (Guárico) no son mejores las condiciones. Los amazonenses esperan que una vez terminado el tercer puente sobre el Orinoco la situación mejore. La ausencia de caminos provoca el desabastecimiento de alimentos en la región, que depende casi en su totalidad de las cargas que llegan del resto del país.
La vía aérea depende de un vuelo diario a excepción de los sábados. Esto solo para llegar a Puerto Ayacucho, que es apenas la entrada de una tierra que vale la pena contemplar superando cualquier obstáculo para llegar. La carretera sólo llega hasta Samariapo, el resto de esa enigmática selva depende de vuelos privados en avionetas, que además de escasos son muy costosos, y de cooperativas fluviales. La curiara es la embarcación por excelencia de los indígenas, aunque la transculturización ya ha hecho de las voladoras parte del paisaje.
El hospedaje para los visitantes en la capital es insuficiente. "En el interior del estado no hay hoteles sino campamentos, éstos están concentrados más que todo en Manapiare, Maroa, Atabapo", indicó Barrios.
Según cifras de la Gobernación hay registradas siete operadoras turísticas que lo podrán llevar a contemplar las maravillas que representan en las cercanías de Puerto Ayacucho los raudales de Atures y Maipures, donde se practica rafting; además de la Piedra de la Tortuga, Cerro Pintado, río Cataniapo y los balnearios de El Tobogán de la Selva, Pozo Azul, Pozo Cristal y Culebra.
En el muelle de la capital se puede contemplar el majestuoso Río Orinoco, el tercero más grande del mundo, el cual nace al sur del estado, y del otro lado la población colombiana de Cazuarito. El Orinoco es navegable en casi toda su extensión, por lo que una excursión por sus aguas tiene que estar en agenda, así como visitar comunidades indígenas. Las aguas del padre río y sus afluentes están rodeadas de inmensos árboles que alcanzan de 80 a 100 metros de altura, y que acogen en su seno los monumentos naturales: Cerro Autana, Piedra del Cocuy (la triple frontera entre Colombia, Brasil y Venezuela), y los parques nacionales Duida-Marahuaca, Parima-Tapirapeco, La Neblina y Yapacana.
La rica fauna de la región está representada por numerosos especímenes de mamíferos, reptiles, peces y aves. Destacan el aguila arpía, el puma, cunaguaro, oso palmero, caimán del Orinoco, monos (araguato, tití), algunos en vías de extinción.
La actividad económica en la entidad es débil. En Puerto Ayacucho es donde se concentra la mayor cantidad de trabajo, pero el mayor empleador es la Gobernación y las instituciones del Ejecutivo nacional. La inversión privada es escasa. La actividad agrícola es limitada, se concentra en las comunidases indígenas, pero en su mayoría para consumo propio, así como la pesca.
Un estado con tanto potencial, el cual se podría abanderar la actividad turística en el país, requiere de una gran inversión en infraestructura hotelera y de vías, por lo que deben ir de la mano la voluntad política con la inversión nacional, estatal y privada.
Visitar el Amazonas o simplemente sobrevolar esa inmensa selva que se extiende como un mar verde e infinito es una experiencia que conmueve y nos acerca a las maravillas que sólo la mano de Dios puede crear.