Es rico en recursos naturales. Variado en su actividad productiva y económica. Diverso en su geografía y características. Es de los más poblados con un elevado porcentaje de asentamientos urbanos y un estimable índice de desarrollo humano. Es de los menos críticos en infraestructura y servicios. Privilegiado en clima y ubicación geográfica y se impacta (para bien y para mal) por ser parte física de la capital de la República (cuatro de sus 23 municipios integran el Distrito Metropolitano) y, como estado, es parte de la Gran Caracas.
El estado Miranda, en efecto, es un dechado comparado con otras regiones del país. Sus índices de progreso y bienestar están por encima de la media nacional. Pero aún así dista mucho de ostentar el óptimo nivel que aspiran sus ciudadanos y que debe ser el objetivo de sus gobernantes. Para alcanzar esa cota idónea no tendrían que transcurrir 101 años más. Le será posible cuando haga mejor y más racional uso de sus recursos y potencialidades, que son muchísimas, cuando amplíe su infraestructura y cuando disponga de proyectos y mejor organización social.
Con una extensión de casi ocho mil kilómetros cuadrados, Miranda es la decimoséptima de las 23 entidades federales. Es la segunda, después de Zulia, en población: 10,1% (casi 2,9 millones de habitantes según censo de 2007) y 90% de residentes en zonas urbanas. Es la tercera región por densidad después de Distrito Capital y Carabobo y también la tercera en aporte al PIB, con una media de 20% de pobreza (estadísticas del INE).
El estado Miranda adquiere su actual denominación con la reforma constitucional de 1909 que dividió al país en un Distrito Federal, 20 estados, dos Territorios Federales y las Dependencias Federales. Pero sería en febrero de 1927 que Los Teques sustituyó a Ocumare del Tuy como capital.
Con potencialidades ilimitadas para diversificar su producción y suficientes ventajas comparativas para elevar a máximos históricos una expansión económica sustentable, perspectivas que pasan por invertir y tecnificar los sectores agrícola, pecuario, pesquero, minero, turístico, comercial, industrial, manufacturero, construcción, artesanía, ciencia y tecnología, entre otros, Miranda requiere, sin embargo, mejorar infraestructuras, servicios básicos, seguridad y elaborar planes eficientes para el total aprovechamiento de sus recursos, algunos a medio explotar.
Si hay en Miranda alguna actividad parcialmente explotada y susceptible de un crecimiento ilimitado esa es la turística. Dotada por la naturaleza con parajes de encanto, montañas y valles contrastantes, climas variados, monumentos, centros recreativos, lugares de interés y parques nacionales, esta entidad es reconocida por sus exuberantes playas (60 en 165 kilómetros de costa) y también por sus internacionalmente famosas tradiciones y fiestas populares como Los tambores de San Pedro, La Cruz de Mayo y Los diablos danzantes de Yare.
Miranda es un portento en opciones recreativas. Su oferta incluye desde los familiares paseos de fin de semana por parajes montañosos, pueblos coloniales y zonas comerciales (para observar o adquirir muebles, lámparas, hortalizas, frutas, flores o saborear platos típicos), hasta los seductores destinos playeros e igualmente los demandados turismos de aventura, extremo, deportivo, ecológico y el agroturismo.
Entre parajes serranos de ensueño, balnearios y otros núcleos recreativos (clubes, parques, represas, etc.), Miranda estaría en línea para rivalizar con ofertas similares en los Andes y el Oriente del país. Para disputarle a esas regiones, con legítimo derecho, la preferencia del viajero nacional e internacional. Siempre y cuando compita también en facilidades y comodidades; equipare sus instalaciones (cantidad-calidad); diversifique la recreación alternativa y optimice la atención al cliente. Es materia pendiente y un reto para las autoridades de la entidad.
Contando con atributos para estimular y diversificar su rendimiento agropecuario y pesquero, es relativa la contribución de esas actividades a la economía y, por ende, al bienestar de los mirandinos. La característica urbana de su población, el déficit de condiciones y la escasa rentabilidad de esos sectores no estimulan la dedicación a la cosecha de rubros legendarios como el cacao y la captura de lebranches. Es otra asignatura reprobada. Que pudiera eximirse con voluntad política, planificación, inversión, estímulos y condiciones como vialidad, transporte (ampliar el ferrocarril a los Valles del Tuy, construir la autopista Caracas-Los Teques y el metro Petare-Guarenas y continuar la autopista Caucagua-Cúpira), agua, electricidad, vivienda, escuelas y hospitales, hoy insuficientes.
Ser parte de la región capital tiene sus implicaciones no siempre favorables. Una es la inexorable "conveniencia" del Estado cuyas disposiciones prevalecerán sobre los intereses de la entidad. Esa facultad privó en la decisión de trasladar, sin estar dadas las condiciones, centenares de damnificados de Caracas a los Valles del Tuy y Guarenas-Guatire. Aquella avalancha signó el crecimiento demográfico desproporcionado y desordenado de esas zonas con su carga de anarquía y los vicios y defectos inherentes. Multiplicó el desempleo, expandió el comercio informal, disparó la inseguridad y colapsó los servicios públicos.
La vecindad con la capital y, por ende, el acceso a las comodidades y la prosperidad, atrajo también a multitudes del interior del país. Esas migraciones incontroladas poblaron cimas, riberas y escarpados con el consiguiente caos, congestionamiento y riesgo para sus bienes y vidas. Y la inversión hecha en infraestructura y servicios (agua, luz, aseo, educación, etc.) no fue suficiente por lo que Miranda hoy, a pesar de todo su potencial y desarrollo, es una sociedad a medio construir.