Son 11 mil kilómetros cuadrados de montañas, aguas termales, fértiles valles y, sobretodo, de costa, 750 kilómetros lineales; mar tranquilo, que se torna en llovizna también serena, la cual, a su vez, cae sobre tierra casi virgen, en la que todo es aún posible.
Dentro de ese mapa mental que se hacen casi todos los venezolanos, por la mala conciencia general de conocer lo nuestro antes que lo ajeno (y que tacha con una equis esos sitios que ya se vieron sin intención de ir nunca más), llega un momento para visitar Sucre.
El contacto con este, nuestro oriente remoto, es decisivo: Si se llega a conocer, no se deja de volver. Se borra la tachadura y siempre se regresa, y al llegar a Guanta solo se añora el momento cuando se pueda ir en sentido contrario de nuevo.
Aunque son muchas las regiones de Venezuela en las que uno tiene la sensación de estar en otro país, en Sucre hasta el idioma es diferente. No solo por el ceceo que comparten con los neoespartanos, sino por el léxico: "guachicón" es un zapato de goma, "guayacán" es un jean, "pichas" son metras y "pelota" no es beisbol, sino fútbol, que se juega en interminables caimaneras en las playas. Su gente también es diferente: Al tiempo dicharachera y reservada, combinación inusual.
Sucre es una dulce soledad, una amable lejanía, y en (y para) todos los sentidos, uno se siente más aislado en Araya o en Río Caribe que en Margarita. Otra cosa que nunca se deja de pensar es cómo este lugar no es un emporio de pesca y turismo, y en cambio, es, en toda regla, uno de los lugares más pobres del país.
Lo que podría ser
El aislamiento no es del gusto de los sucrenses, que centran en infraestructura y en formación de recursos humanos sus necesidades para atender al turismo. Rosa Theron, operadora turística y directiva del portal www.sucreturistico.com, señala que la ventaja (y al tiempo la desventaja) de Sucre es que es un territorio prácticamente virgen. Esto atrae a los amantes del ecoturismo, pero, simultáneamente, impide que puedan disfrutar de servicios de excelencia.
"Hay pocos sitios en los que uno pueda contar con la infraestructura, entonces debe recomendarle a la gente ciertas visitas. Por ejemplo, el casco de Cumaná, nosotros (un grupo de emprendedores del turismo y la política sucrense) estamos impulsando que sea patrimonio de la humanidad, como Coro, pero no se puede mientras haya suciedad", señala Theron en un lamento. Cumaná, sobra decirlo, es la primera ciudad española en el continente suramericano.
Quince años promoviendo a Sucre le dan una lista de las mejores cosas: "De punta a punta", afirma. "Mochima, por un lado, donde la gente tiene conciencia del valor del turismo; Araya, donde ahora hay servicios de excelente calidad, sencillos; las playas de Paria, como playa de Uva, Puy-Puy, Medina; y luego el Parque Nacional Turuépano, en el Delta del Orinoco, uno de los pocos sitios del mundo donde se pueden ver reservas de manatíes; así como el Parque Nacional Península de Paria". Este fue el sitio que Colón confundió con el paraíso, lo cual, medio milenio después, aún significa algo.
La autopista que comunicará a Cumaná con Puerto La Cruz, tras treinta años, continúa a medio construir. La vialidad interna, en buenas condiciones, es nula en autopistas, y en muchos lugares el camino aún se vuelve de tierra.
Pioneros de lo ecológico
De las aproximadamente 280 mil toneladas métricas de pescado que se recolectaron en Venezuela durante 2009, el estado Sucre realizó la mitad de las capturas, según datos del Instituto Socialista de la Pesca (Insopesca). Aunque el dato puede parecer bueno, la pesca en el país ha caído 50% desde 2000, como resultado de los desincentivos que ha sufrido el sector pesquero, señala Fedecámaras.
Y aunque es muy pronto para calcular el impacto, Sucre es el lugar de experimento de la eliminación de la pesca de arrastre. Venezuela es el primer país del mundo que suspende totalmente esta tecnología de pesca, considerada dañina para el medio ambiente. Según Insopesca, la captura artesanal creció 9% entre 2009 y 2010. Otras versiones señalan que el sector continuó su declive, con una caída general de 14% en las capturas.
¿Qué le falta a Sucre para ser una potencia pesquera? Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la dependencia de los intermediarios, la mala comunicación hacia los principales mercados de consumo y los altos costos operativos de la pesca artesanal son las principales trabas para una zona que tiene en el golfo de Cariaco, y en el de Paria, dos de los ecosistemas más atractivos del mundo para la pesca, además de una línea de mar territorial que se adentra en el Caribe hasta el archipiélago de Aves de Sotavento, muy cerca de Dominica y Guadalupe.
El gas que vendrá
Cómo ha pasado con el turismo, y con la pesca, el gas natural viene siendo una promesa desde la década de los 80. En ese lapso, y compartiendo yacimientos, la vecina isla de Trinidad, que está a tiro de peñero de Güiria, se ha convertido en una potencia gasífera.
El proyecto ahora denominado Mariscal Sucre (antes Cristóbal Colón) ha padecido cambios a lo largo del camino, y en una primera etapa producirá 600 millones de pies cúbicos diarios, si llega a consolidarse.
Mientras tantas promesas se concretan, lo único que se le puede recomendar a un venezolano que no haya ido a Sucre es que lo haga, sin prisas, dejándose seducir por un pescado a la orilla de la playa, en un atardecer perfecto: Una experiencia que no necesita de que se concrete el desarrollo de la región y que recordará siempre.