CARACAS, lunes 26 de abril, 2010 | Actualizado hace
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Sucre, tan lejos
porque queremos
Es difícil imaginar que -en el país y en el mundo- haya playas más hermosas que las del oriente venezolano. Sucre huele sobre todo a mar, y allí la lluvia es un agua bendita que besa levemente los pueblos. Aparte de su belleza natural, el estado es un reservorio de fauna, el golfo de Cariaco es el lugar perfecto para navegar a vela, Araya tiene colores impresionantes y el sabor general del estado es a coco, piña, cacao, pescado y mapuey (un tubérculo más dulce y blando que la yuca). Ciudades con el mayor acervo colonial, como Cumaná, sitios idílicos como los fértiles valles que llevan a Casanay... ir es enamorarse para siempre y tener ganas de regresar. Algo difícil por las distancias y la mala vialidad (Cortesía)

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750 kilómetros de costa, con playas a cual más perfecta; 50% de la producción pesquera nacional, gas, aguas termales... tiene todo, menos alguien que lo ame con la pasión que se merece

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Por: PEDRO GARCÍA OTERO | EL UNIVERSAL
lunes 26 de abril de 2010

Son 11 mil kilómetros cuadrados de montañas, aguas termales, fértiles valles y, sobretodo, de costa, 750 kilómetros lineales; mar tranquilo, que se torna en llovizna también serena, la cual, a su vez, cae sobre tierra casi virgen, en la que todo es aún posible.

Dentro de ese mapa mental que se hacen casi todos los venezolanos, por la mala conciencia general de conocer lo nuestro antes que lo ajeno (y que tacha con una equis esos sitios que ya se vieron sin intención de ir nunca más), llega un momento para visitar Sucre.

El contacto con este, nuestro oriente remoto, es decisivo: Si se llega a conocer, no se deja de volver. Se borra la tachadura y siempre se regresa, y al llegar a Guanta solo se añora el momento cuando se pueda ir en sentido contrario de nuevo.

Aunque son muchas las regiones de Venezuela en las que uno tiene la sensación de estar en otro país, en Sucre hasta el idioma es diferente. No solo por el ceceo que comparten con los neoespartanos, sino por el léxico: "guachicón" es un zapato de goma, "guayacán" es un jean, "pichas" son metras y "pelota" no es beisbol, sino fútbol, que se juega en interminables caimaneras en las playas. Su gente también es diferente: Al tiempo dicharachera y reservada, combinación inusual.

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