Tierra de trabajo y tonada, de contadas luchas y batallas. Cuna de hombres recios y bravíos, que desde corta edad crían ganado y doman caballo. Jinetes que supieron compartir con Bolívar la gesta libertadora, enfrentándose en su terruño con ejércitos españoles. Mata de Miel, El Yagual, Mucuritas y Queseras del Medio figuran en las páginas de los libros de Historia de Venezuela.
"¡De más allá del Cunaviche, de más allá del Cinaruco, de más allá del Meta! De más lejos que más nunca -decían los llaneros del Arauca, para quienes todo está siempre 'ahí mismito, detrás de aquella mata'". De allí vino Rómulo Gallegos con su novela Doña Bárbara, describiendo "imponentes sabanas rodeadas de chaparrales y palmares".
Famoso en su momento por las plumas de garza y el cuero de Babo, Apure es uno de los estados más emblemáticos de los Llanos venezolanos.
Con 76.500 kilómetros cuadrados de extensión, se presenta como una encrucijada de indómita y fantástica belleza, formada por extensas sabanas, esteros, bajíos y ríos que hacen de esta tierra, predominantemente agropecuaria, un escenario mágico y con real potencial para el desarrollo ecoturístico.
De la madre tierra
La faena comienza con una tonada. Se escucha el joropo, la copla y el corrío.
Numerosos rebaños se observan por la sabana, y como bien decía Gallegos en Doña Bárbara, "adelante los padrotes y retozando en torno a las madres, los becerros mamantones".
Más de un millón 800 mil cabezas de ganado bovino, sin contar búfalos y porcinos, cría Apure en sus pastizales. De esos lares salen centenares, por no decir millares de reses, para alimentar a la población de las grandes ciudades.
En la lejanía se pierden los grandes maizales y los sembradíos de tomate, melón, yuca, algodón, plátano y frijol. La agricultura se privilegia en la fértil tierra apureña.
En el municipio Páez, donde se extiende la selva de San Camilo y se obtienen miles de metros cúbicos de madera de cedro, masaguaro, palo de agua y samán, también se explota petróleo liviano. En 1984, la entonces Corporación Venezolana de Petróleos (Corpoven) comenzó la extracción en una zona muy cercana a la población fronteriza de La Victoria, a 45 kilómetros de Guasdualito.
Cuenta el cronista de Achaguas, Elisur Lares, que producto de la renta petrolera este "pueblito provinciano", ubicado en el occidente de la entidad, dio en un lapso menor de dos décadas un cambio vertiginoso a una "ciudad pujante". Hoy día es la segunda más importante de Apure, después de la capital: San Fernando, donde se concentra el 33% de la población, estimada en 462.913 habitantes para 2006, según el Censo Nacional 2001.
Pero el potencial del estado, el segundo en tamaño del país, no se agota allí. Pdvsa ha confirmado la presencia de reservas de hidrocarburos en la zona El Nula-Guasdualito, y existen canteras de hierro no explotadas en las Galeras del Cinaruco, únicas formaciones montañosas en esa llanura.
La actividad industrial es primitiva y poco diversificada. Lares explica que si bien en las tres últimas décadas del siglo XX, los gobiernos democráticos intentaron despertar el desarrollo industrial en la región con proyectos como Los Módulos de Mantecal, el Matadero y el Central Azucarero de Achaguas, la Estación Piscícola y la explotación petrolera en el Alto Apure, el movimiento progresista observado a principios del siglo XX fue decayendo progresivamente, hasta el extremo de encontrar que los principales ingresos de la población urbana apureña provienen del sector público estatal, advierte Argenis Méndez Echenique en su libro Historia de Apure, visión panorámica.
Turismo a la llanera
El paisaje llanero con sus extensas sabanas, altiplanicies, galeras, médanos, grandes cursos de agua que incluyen hasta playas de agua dulce conforman, junto a los valores culturales e históricos, el listado de la oferta turística de Apure, joya de la naturaleza venezolana.
Sus inmensas tierras albergan una gran cantidad de ecosistemas que hacen de la entidad una joya de la naturaleza venezolana. Sus paisajes, poco intervenidos, lo convierten en un destino predilecto para quienes gustan practicar el ecoturismo y con ello disfrutar de la cacería deportiva, la navegación a poca profundidad y la observación de la más variada fauna llanera, como el chigüire, el venado, las babillas y dos especies en peligro de extinción: el caimán del Orinoco y la tortuga Arrau.
En Apure es muy común alojarse en hatos y haciendas, que además de ofrecer servicio de posada y comida, brindan paseos a cabello, observación de fauna e involucran al turista en quehaceres del llano. Tal es el caso de los Hatos El Cedral, El Frío y la Fe de Corozopando.
En medio de la grandeza del estado, el cronista Lares hace mención especial al mágico escenario del Parque Nacional Santos Luzardo, ubicado en el rincón sur-oriental del estado, donde las impresiones Galeras del Cinaruco con sus hermosos remansos, la claridad de sus aguas, la más variada flora y fauna, lleva la voz cantante.
Llegando a Puerto Páez, ubicado en el municipio Pedro Camejo, destacan los médanos de La Soledad, muy similares a los médanos de Coro, con sus pozos de agua dulce para el disfrute de los visitantes.
El cronista de Achaguas lamenta que, con este potencial natural, no se haya desarrollado la infraestructura adecuada para convertir a Apure en un polo de desarrollo.
Concluye como Gallegos en su obra Doña Bárbara: "¡Llanrura venezolana! ¡Propicia para el esfuerzo, como lo fue para la hazaña, tierra de horizontes abiertos donde una raza buena, ama, sufre y espera!".