Río de Janeiro libra en estos momentos una batalla por ser declarada patrimonio de la humanidad apoyada en el argumento de que la ciudad es una mezcla perfecta de paisaje natural con paisaje urbano.
El paisaje del que hablan sus apologistas es sobre todo el Parque Nacional de la Tijuca, declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco (1991). Pues bien, El Ávila caraqueño tiene 24 veces la extensión de Tijuca.
El principal potencial de la capital venezolana, suelen coincidir los urbanistas, es precisamente su paisaje, ese entorno natural, ese anillo verde que rodea la ciudad y que además de El Ávila incluye la zona protectora de Macarao y Caricuao.
Algunos podrían argumentar que la presencia del mar brinda a Río de Janeiro una ventaja sobre Caracas, pero este es justamente otro punto que habría que considerar si se quiere hacer de la capital la gran ciudad con que muchos sueñan: la inclusión del litoral central como parte de la misma.
El jardín interior
Para William Niño, arquitecto a quien siempre le gusta ser presentado como "pensador de la ciudad", El Ávila no es una muralla que flanquea la ciudad sino su jardín interior: Vargas debería ser, piensa, parte de la capital para que así el caraqueño empiece a reconciliarse con su naturaleza caribeña.
También el urbanista Marco Negrón cree que se debería reivindicar la fachada marítima de la ciudad: "La otra cara de El Ávila es el mar, esa vertiente norte, esa fachada marítima a la que siempre olvidamos".
Y es que la oferta paisajística de Caracas es indiscutiblemente mayor que su oferta arquitectónica, Niño cree que es con ese hecho con el que se debe especular para convertirse en una especie de capital del Caribe: "Esta ciudad tiene el clima, la naturaleza, la posición geográfica, todo el potencial para convertirse en una ciudad envidiable, en una urbe que esté en el centro de los acontecimientos de la región".
Y piensa que se debería aprovechar su naturaleza a la hora de ofrecer algo al turista en vez de insistir en intentar mostrar un pasado colonial que apenas se preserva y en el que Caracas compite en franca desventaja con otras capitales latinoamericanas.
En este sentido, Negrón cree que las muchas quebradas que bajan de El Ávila y se adentran en la ciudad ofrecen la oportunidad perfecta para una simbiosis entre la naturaleza y los caraqueños. Para ello, claro, sería indispensable elaborar un plan para el rescate de éstas, hoy contaminadas. No es una utopía, asegura, y recuerda el ejemplo que Catuche dio antes del deslave de Vargas, cuando el proyecto de recuperación de esa quebrada del arquitecto César Martín y del centro Gumilla fue presentado como un ejemplo en la conferencia de las Naciones Unidas celebrada en Estambul en 1996.
Pero el principal rescate, asegura, debería ser el del río Guaire, cuyo publicitado saneamiento luce estancado a casi cinco años de haberse iniciado. Cuenta Negrón que uno de los sueños de los caraqueños desde la década de los 30 es convertir al Guaire en un gran parque longitudinal de casi treinta y cinco kilómetros desde Las Adjuntas hasta El Llanito.
Las sagradas aceras
Uno de los principales problemas de Caracas es la falta de espacios públicos, al punto que, si quitamos El Ávila, hay menos de un metro de área verde por persona, cuando los estándares internacionales recomiendan diez. Negrón cree que además de decretar el nacimiento de otros parques (la zona que está en La Carlota, por ejemplo), deberían reactivarse los existentes: Caricuao tiene tres parques recreacionales (Vicente Emilio Sojo, Parque Universal de la Paz y Leonardo Ruiz Pineda) en los que apenas hay caminerías y que están siendo invadidos.
Pero recuerda Negrón que el espacio público por excelencia es la acera, que en Caracas están lejos de ser ese "espacio sagrado" del que habló el ex alcalde de Bogotá Antanas Mockus: "Aquí están invadidas de carros, sucias, arruinadas. Solo en el municipio Chacao se han preocupado de algo para mí esencial: recuperar las aceras como espacio público". También para Niño ese es otro asunto pendiente: desarrollar esos 25 kilómetros de peatonalidad que existen entre la redoma de Petare hasta la plaza Sucre. En Caracas es posible este desarrollo toda vez que no existen obstáculos en el camino.
Por su parte, el ingeniero Daniel Quintini, cree que Caracas tendrá que mejorar mucho su vialidad si aspira a convertirse en una gran ciudad. Recuerda que aquí no se construyen nuevas vías desde hace más de 30 años, y considera que hacen falta 320 kilómetros entre nuevas vías, ampliaciones y mejoras. Y, por supuesto, es urgente desarrollar un sistema de transporte superficial que complemente y alimente el Metro. En este sentido, cree que los sistemas BTR (Buses de tránsito rápido), muy populares en Bogotá, son factibles y tienen costos manejables.
Barrios olvidados
Para el arquitecto Daniel Fernández Shaw, los barrios son el principal problema de Caracas y de todo el país, y debería iniciarse un proyecto de rehabilitación a 30 años que en todo el país, calcula, tendría un costo de unos 300 millones de dólares.
Negrón recuerda, sin embargo, que en el año 2000 se hicieron 250 concursos en todo el territorio para programas de rehabilitación (la mitad para barrios caraqueños) y eso quedó en nada una vez que Josefina Baldó salió del Conavi.
El 54% de los caraqueños vive en sectores populares, según estudios de la Escuela de Arquitectura de la UCV. Por eso es que retomar esos proyectos de rehabilitación de los sectores populares es indispensable si de verdad se quiere cambiar Caracas para convertirla en una gran metrópolis.