HHH India ha sido un país pobre que está convirtiéndose en rico rápidamente. El PIB del país ha crecido alrededor 6,1% en promedio desde 1988, casi el doble que en los 30 años precedentes y por encima de Estados Unidos, Canadá y Venezuela. El ingreso per cápita pasó de $270 en 1981 a $1.040 en el año 2007, un crecimiento cercano a 300% en términos nominales. Estos logros han contribuido a reducir la pobreza que, según el estimado más conservador, pasó de 55% en 1974 a 27 en 2005. Esto se traduce en más de 295 millones de personas que pudieron haber sido pobres de no haber mejorado las condiciones del país. Antes de este giro económico y social, India se encontraba sumergida en un régimen centralista, ubicaba entre los países más pobres del mundo y más conocida por el azote de hambruna que por el vertiginoso desarrollo de su economía y el prestigio de sus empresas de tecnología de información.
La economía centralista se caracterizó por una exagerada intervención del Estado. En esta etapa fueron notables las "licencias Raj", que permitía al gobierno decidir unilateralmente sobre quiénes producían, en qué tipo de industria, en qué lugar, cuanta cantidad, con qué tecnología y con cuáles trabajadores.
También se hizo muy popular el "Libro Rojo", una lista de productos permitidos para importación, de los cuales quedaban excluidos los bienes de consumo final que estaban prohibidos. Para entonces, 1965-1980, el ingreso per cápita de India pasó de 84 a 267 dólares, mientras que en la República de Corea, que había partido de condiciones similares, pasó de 106 a 1.674 dólares.
Finalmente, el déficit de la balanza de pagos, que alcanzó el 3% del PIB, y la caída de las reservas a menos de un billón de dólares, apenas suficientes para pagar de dos a tres semanas de las importaciones del país, derivó en una de las más severas crisis que el país había sufrido y fertilizó el terreno para el proceso de reforma.
Lo primero que ocurrió en India para salir del atraso fue que sus líderes políticos, independientemente de su orientación política, se pusieron de acuerdo en qué hacer y desde entonces no hubo cambio de dirección. Los resultados de las regulaciones de la etapa centralista llevaron a una especie de consenso sobre fracaso de tales políticas y tanto el sector de izquierda como el de derecha evitaron poner barreras a los cambios que eran necesarios. Al respecto, un ex ministro de Finanzas, del gobierno de izquierda durante la primera etapa de la reforma, señaló: "Había una percepción general en India de que el cambio era necesario, por una parte para revertir la ineficiencia de la economía y por otra para hacer más efectivos los programas contra la pobreza". Este diagnóstico fue uniforme, incluso entre aquellos partidos de izquierda que promovieron activamente las políticas centralistas de los años 50 y 60.
El siguiente paso para la transformación de India, por demás evidente, fue la reducción de restricciones y regulaciones. Las licencias Raj quedaron reducidas a pocas industrias estratégicas para el Estado como salud, seguridad y medio ambiente. Las empresas consideradas monopolio fueron cada vez menos porque se expandió el límite de sus activos. Las pequeñas empresas fueron redefinidas y el límite de su inversión en plantas y equipos fue expandido a casi el doble.
Las licencias de importación fueron eliminadas para todos los bienes, consumo directo, intermedios y de capital. Actualmente las restricciones a la importación permanecen principalmente en ganado, fertilizantes, cereales y aceite de maní. La moneda nacional, que se había mantenido devaluada y con estricto control de cambio, fue liberada gradualmente a través de un sistema dual de tasa de cambio. Este sistema solo se utilizó durante un año y en 1994 la rupia ya era oficialmente convertible a la cuenta corriente.
La otra parte de las reformas en India está vinculada con el desarrollo industrial y los servicios. India ha sustentado su crecimiento en el desarrollo de la economía doméstica y menos en la exportación, a diferencia de otros países asiáticos. La industria nacional se ha sustentado en las dimensiones de la población, más de mil millones de personas, que ha permitido desarrollar economías de escala, y también en las políticas para desarrollar las industrias básicas.
El sector servicio ha sido protagonista de la economía india y a finales de 2005 representaba el 52% del PIB, cuando en 1971 era solo 32%. Este sector ha hecho uso intensivo de mano de obra calificada, una de las más productivas del mundo, de capital tanto nacional como foráneo y también de la nueva tecnología que ha llegado con la apertura.
Si bien, algunos señalan que a India todavía le falta desarrollar industrias manufactureras que incorporen a la mayoría de su población que es mano de obra no calificada, tal como lo ha hecho China, y nadie tiene duda de que lo ha hecho muy bien hasta la fecha.
La experiencia de India puede servir de ejemplo, y motivación, para países en situaciones similares.
La etapa centralista dejó mayores inequidades que las que se querían evitar y derivó en un elevado peso económico para el Estado. Recientemente, la apertura gradual ha demostrado que la protección a la industria nacional no implica aislarla del resto del mundo y que tampoco es necesario dejar todo el peso del desarrollo económico en el Estado. Así mismo, ha demostrado que los cambios pueden realizarse a un bajo costo social, sin traumas y con bajo nivel de confrontación, lo cual permite al gobierno concentrase en las tareas fundamentales para transformar al país.