HHH Desde 1973 hasta 1990, Chile sufrió una sangrienta dictadura, cuya primera medida fue bombardear una radioemisora y prohibir la prensa libre. Durante esos años, que llenaron de dolor a millones de chilenos, los partidos políticos estaban proscritos, los sindicatos fueron disueltos, el Congreso fue clausurado y hubo un permanente estado de sitio. El Poder Judicial se sometió dócilmente a la represión, castigando cualquier manifestación de pensamiento crítico, al extremo de que el Presidente de la Corte Suprema de la época llegó a afirmar, en una carta de saludo al tirano, que los jueces se sumaban a esa empresa con "íntima complacencia".
Sin Estado de Derecho, sin independencia de los poderes públicos, sin libertad de expresión y sin partidos políticos que pudieran participar en el debate público, la comunidad internacional, la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos no podían hacer otra cosa que condenar y repudiar al régimen militar. Sin un Parlamento elegido por los ciudadanos para discutir las leyes que diseñaran el modelo económico, sin prensa libre, con los sindicatos proscritos y sin que los trabajadores tuvieran el derecho a la negociación colectiva y el derecho a huelga era inevitable que algunos empresarios pudieran construir grandes fortunas; eso es lo que, sin prestar atención a los "detalles", algunos han llamado "el milagro económico" de Pinochet, llegando a calificarlo como "el ejemplo de un buen gobierno". Durante esos años, la brecha entre ricos y pobres creció a niveles inaceptables; cuando concluyó la dictadura, en toda la región, Chile era el país con la distribución más desigual del ingreso, con un 44% de la población que vivía en el umbral de la pobreza.
Gobernado por un tirano que pretendía perpetuarse en el poder, pero que supo conquistar a un sector social, Chile se convirtió en un país dividido entre aquellos a quienes no les importaban los medios empleados para gobernar y quienes tenían la convicción de que los fines deseables en una sociedad democrática no se pueden alcanzar a cualquier precio.
La concertación
La lucha por la democracia tuvo un primer éxito el 5 de octubre de 1988, cuando una concertación de partidos políticos democráticos, que utilizó como símbolo no un color, sino un arco iris, con un abanico de colores, logró imponerse en el plebiscito convocado por Augusto Pinochet para continuar en el gobierno. En las elecciones presidenciales convocadas para diciembre de 1989, con la promesa de "construir una patria justa y buena para todos", Patricio Aylwin derrotó al candidato de la dictadura y comenzó una larga transición hacia la democracia. A partir de ese momento, en el marco de un Estado de Derecho, se comenzaron a construir las bases de la justicia social y la convivencia entre los chilenos estuvo marcada por la tolerancia, por la libertad y por el respeto a los derechos fundamentales. A partir de ese momento, Chile salió del aislamiento internacional, dejó de ser estigmatizado como un país en el que se violaban los derechos humanos, comenzó a crecer con equidad y rápidamente logró ganarse el respeto del mundo.
Desde el primer momento, los gobiernos de la Concertación trabajaron en dos direcciones. La primera de ellas estaba dirigida a reconstruir las bases de la democracia, fortaleciendo la independencia de los poderes públicos y desmontando los enclaves autoritarios heredados en la Constitución impuesta por Pinochet. En este sentido, se logró reformar la Constitución para incorporar garantías en materia de derechos humanos, eliminar la censura cinematográfica, modificar normas que establecían la inamovilidad de los comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas, eliminar la figura de los senadores vitalicios y descentralizar el poder para permitir la elección directa de alcaldes y regidores (miembros de concejos municipales). Una de las tareas que quedó pendiente es la de desarticular un sistema binominal perverso que, con un tercio de los votos, permite elegir a la mitad de los miembros del Congreso dejando a las minorías sin ninguna representación. Tampoco se logró controlar el gasto militar excesivo, también heredado de la Constitución impuesta por la prolongada dictadura militar.
La segunda tarea consistió en fomentar el desarrollo económico con equidad. Los gobiernos de la concertación impulsaron políticas económicas no populistas, que permitieron crecer a un ritmo casi el doble del promedio de los últimos años de la dictadura; se controló la inflación y se incrementó el gasto social, realizando grandes inversiones en las áreas de salud, educación y vivienda. Con recursos escasos, pero con voluntad y transparencia, se construyó una extraordinaria infraestructura vial, que permitió conectar a todo el país. Junto con ello, una política internacional responsable hizo posible suscribir numerosos tratados de libre comercio, incrementando y diversificando las exportaciones. Actualmente, a pesar de las desastrosas consecuencias del terremoto del 27 de febrero pasado, lo cierto es que Chile está situado entre los países más prósperos de la región, con suficiente capacidad como para levantarse del desastre natural.
De una dictadura que en la medianoche del 5 de octubre de 1988 vacilaba entre reconocer la derrota en el plebiscito o maquillar los resultados electorales para permitir que Pinochet continuara en el poder, se ha pasado a un sistema que permite que rápidamente se conozcan los resultados oficiales. Ningún Presidente ha pretendido prolongar su mandato o modificar la Constitución para reelegirse. Además, se reconoce el triunfo del candidato de la oposición. Venezuela no puede decir lo mismo.