Al pueblo chino se le atribuye la invención de la pólvora, la brújula, la imprenta, el papel moneda y los fuegos artificiales, entre muchas otras cosas. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX esa inventiva pareció aletargarse, incapaz de conducir a China hacia el desarrollo, de sacar a su población de la pobreza o impedir una de las mayores hambrunas en la historia de la humanidad.
Las condiciones de vida en China fueron generalizadamente míseras hasta que un conjunto de reformas despertó la inventiva del pueblo chino, lanzando al país a un camino de desarrollo económico y social sin precedentes, colocándolo en el siglo XXI como uno de los actores más importantes de la economía mundial.
Examinar las principales reformas realizadas en China puede servir de guía para que otras naciones también transiten con éxito el camino de la superación de la pobreza a gran escala.
En 1958, para colocar a China a la par de las grandes potencias, Mao Zedong, fundador de la República Popular China, impone un modelo de planificación central, con producción y precios controlados; colectiviza la propiedad, organizando a la sociedad en comunas; y aplica un modelo de industrialización acelerada, el Gran Salto Adelante. Este modelo, más que un fracaso, fue una tragedia que causó una de las mayores hambrunas en la historia de la humanidad: murieron entre 15 y 30 millones de personas entre los años 1958 y 1961. Ante el fracaso, Mao Zedong renuncia a la Presidencia del país, critica al sistema de comunas pero defiende los lineamientos generales del Gran Salto Adelante. Deng Xiaoping y otros reformadores asumen el poder, pero son desalojados durante la Revolución Cultural que restauró a Mao Zedong en el mando en 1966.
A partir de 1978, luego de la lucha por el poder tras la muerte de Mao Zedong, el gobierno chino, nuevamente bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, comienza gradualmente a implementar las reformas conocidas como el Socialismo con Características Chinas. El elemento distintivo de este enfoque es el privilegio del pragmatismo sobre la ideología, la aplicación de políticas que funcionen en la práctica sin dogmatismos, lo que se conoce actualmente como gerencia basada en la evidencia, que se expresa en la famosa frase de Deng Xiaoping "Blanco o negro, el gato es bueno solo si caza ratones".
El enfoque pragmático enfatiza la realización de experimentos a pequeña escala antes de extenderlos a más sectores o regiones si son exitosos. Incluso algunos de estos experimentos no son programados por los reformadores, son ensayos del pueblo común que resultan exitosos, adquieren visibilidad y son reconocidos y adoptados a mayor escala.
Una de las primeras reformas exitosas fue el cambio del sistema colectivizado de producción por el sistema de responsabilidad de los hogares. Este modelo fue puesto en práctica por granjeros en algunas aldeas y luego adoptado por el gobierno gracias a sus excelentes resultados. El sistema trasladó la responsabilidad por la producción de las comunas hacia las familias, las cuales pudieron disponer libremente de parte de su producción para venderlas o consumirlas. Esta reforma dio entrada a la iniciativa privada para movilizar la economía en otros sectores.
Existe amplio consenso de que una de las reformas clave del despertar económico fue el abandono del sistema de fijación de precios y cuotas de producción por parte del Estado. Este sistema, propio de la planificación centralizada, no generaba incentivos adecuados para motivar el desarrollo del potencial del pueblo chino en distintos ámbitos, como la agricultura o incluso en las empresas estatales. Dado el éxito de esta reforma, actualmente 99% de los precios al detal son fijados por el libre juego de la oferta y la demanda.
Los grandes motores del desarrollo chino han sido las zonas económicas especiales. Estos son complejos urbanos e industriales, ubicados principalmente en las costas, diseñados para atraer inversiones extranjeras y facilitar la transferencia tecnológica con países más avanzados. El éxito de estas zonas se deriva de que son altamente descentralizadas, con asambleas legislativas autónomas y amplia independencia administrativa. Esta independencia les ha dado flexibilidad para adaptar las necesidades cambiantes del comercio internacional a sus condiciones e intereses propios de desarrollo.
A diferencia de lo sucedido en la Unión Soviética, la apertura al capital ha sido gradual y ordenada, con regulaciones fuertes para incentivar el crecimiento privado interno y evitar distorsiones debido a una excesiva dependencia a capitales extranjeros. La apertura no ha sido total, algunos sectores industriales están reservados para empresas estatales, como monopolios naturales de servicios e industrias consideradas estratégicas. Y algo muy importante, el Estado insiste en inversiones en educación, investigación y desarrollo para pasar de la manufactura de productos de bajo costo a competir en el terreno de las tecnologías avanzadas y productos sofisticados.
Los resultados han sido espectaculares. La economía china tiene un crecimiento promedio anual de 9,9%, el mayor de economía alguna en los últimos 30 años. El estándar de vida se ha multiplicado por ocho, principalmente en las ciudades, y han salido de la pobreza cerca de 500 millones de chinos.
Pero, paradójicamente, China todavía es un país subdesarrollado y superpoblado, con agudos problemas de pobreza, desigualdad, corrupción, contaminación ambiental y violación de derechos humanos. China despertó y ha avanzado, pero tiene todavía mucho terreno por recorrer para alcanzar el "Xiao Kang": una sociedad armoniosa en todo sentido.