Casi 3.405 km² de superficie conforman lo que hoy se conoce como la península de Paraguaná. Poco podía imaginarse el descubridor de este territorio el 9 de agosto de 1499 -Alonso de Ojeda- en lo que esta poción de tierra atada por un istmo al continente se convertiría años después.
Si bien el nombre indígena de esta península se traduce como "conuco entre el mar", la extrema aridez de esta vasta extensión no abonaba la imaginación del potencial que la zona tenía al momento de su descubrimiento, en especial, cuando se manejaban parámetros económicos tradicionales de caza, pesca, agricultura, ganadería, minería y de una incipiente actividad industrial, aunque todavía muy artesanal.
La herencia de la tradición indígena caquetía originaria de estas latitudes se sumó a la cultura española que acompañó la conquista y luego se sazonó con la influencia holandesa que privó en el desarrollo de las islas vecinas a la península. Todo este proceso configuró una identidad que fue modelando a la gente que habitó esta tierra y definió sus actividades desde entonces.
La península de Paraguaná fue testigo de muchos hechos históricos, en ocasiones, más allá de jugar un papel silente tomó el rol protagónico de los eventos. Es así como nombres como el de Josefa Camejo se inscriben en la Historia, en su caso, como pionera del movimiento independentista nacional.
Después de más de 500 años de que Occidente conociera su ubicación en el mapa, la península de Paraguaná ha visto muchas cosas pasar y sin embargo, su paisaje ha permanecido casi intacto.
A excepción del desarrollo urbanístico que se inició en tiempos coloniales, el crecimiento de las poblaciones de la península ha sido escaso pero concentrado en los asentamientos de larga data histórica.
Ha sido -desde los inicios del siglo XX- que la actividad petrolera ha traído el mayor grado de desarrollo a la zona de la península de Paraguaná. Es precisamente la existencia del mayor complejo de refinación petrolera del mundo -Amuay- desde 1950, lo que ha marcado el destino de muchos de los pobladores de esta zona.
La compañía que hace la Refinería Cardón a la de Amuay, sella esta dupla que ha demostrado su efectividad y rentabilidad a través de los años.
La actividad relacionada a los hidrocarburos ha sido y es fuente de desarrollo para esta región que inevitablemente ha traído consigo la llegada y establecimiento de todas las actividades ligadas a este mercado. El futuro de la industria petrolera mundial -y por ende nacional-- luce algo inestable ante el desarrollo y la búsqueda de fuentes energéticas alternativas y el inminente cese del brote de "oro negro". Pero mientras ese día llega, Paraguaná es oasis de este maná espeso y oscuro.
Las inmensas instalaciones ligadas a la industria petrolera se han fundido con el infinito color terracota de la tierra y el opaco verde de la breve vegetación en un cuadro con toques surrealistas. El paisaje en extremo seco de la península de Paraguaná es -en especial ante los ojos extraños- un panorama digno de admiración.
En sí mismo, el mapa de Paraguaná ofrece al visitante una variedad de paisajes que le ha posicionado como un destino turístico por excelencia, anclando inevitablemente esta actividad económica y cultural a la región.
Atracciones como el Cerro Santa Ana (850 msnm), el Istmo de los Médanos, el Cabo de San Román (punto más septentrional de la Venezuela continental), hallazgos arqueológicos y una larga lista de playas como Adícora, son algunos de los puntos resaltados en las muchas guías de viaje que incluyen a la región en sus páginas.
El paisaje de las salinas de Las Cumaraguas también despierta un gran interés. La luz de la tarde baña las aguas de poca profundidad y las torna de un color rojizo que atraviesan los estrechos caminos de sal.
El pasado colonial que albergan los pueblos de la región, aunado a las actividades que pueden practicarse en las playas y llanuras de Paraguaná, completan el menú para los turistas. La verbena de vientos en la que se convierten las costas de la península favorece la práctica del winksuf, el kitesurf y el skatesurf, así como las secas sabanas hacen las delicias de los amantes de los vehículos 4x4.
El creciente interés de los viajeros sobre esta zona como destino turístico ha hecho que prospere esta industria a pasos acelerados y en diferentes escalas, desde los hoteles más ambiciosos hasta las más humildes posadas en casas familiares, desde elegantes restaurantes o puestos a la orilla de las carreteras, pasando pos casinos y empresas encargadas de hacer paseos y tours.
El turismo arrastra el comercio consigo, y por ello no es de extrañar que -apalancado en un decreto que estableció a Punto Fijo Zona Libre para la Inversión Turística desde 1998- la región haya experimentado una explosión que redunda en el crecimiento de tiendas, centros comerciales, banca y prestadores de servicio de todo tipo.
Específicamente la ciudad de Punto Fijo ha sido el epicentro de este "boom" comercial de la región. Allí, las oportunidades que ampara ser "puerto libre" han conseguido llamar la atención de inversionistas nacionales e internacionales para poner en marcha sus negocios en Paraguaná. Personas de los estados cercanos a la península encuentran la oferta lo suficientemente atractiva y variada como para llegarse hasta allá y hacer sus compras.
Pero es, sin duda, la gente, el nativo de Paraguaná, uno de los mayores capitales de la región. Ellos son los artífices de la cotidianidad de la zona, los responsables de que la realidad cobre vida y quienes ofrecen su abrazo franco y de sincera bienvenida a todo aquel que visita la zona o llega para trabajar en la tierra de la península.