Falta la gran decisión
Desde hace muchos años el discurso insistente de políticos, catedráticos, académicos, economistas, y de todos en general, incluye una frase común: Venezuela es un gran país, porque tiene un gran potencial.
En lo que respecta al potencial, es verdad. Riquezas naturales, excelente ubicación geográfica, tierras cultivables, fortalezas hidrográficas, montañas, sierras nevadas, llanos, una buena y fructífera línea costera. Bellezas geográficas que constituyen una oferta turística impresionante y, además de ello, una extensión territorial poblada cuya mayoría no sobrepasa los 25 años.
Pero hasta ahora, el gran país sigue siendo "potencial". Tenemos sí una importantísima riqueza petrolera, pero ésta se convirtió en "el excremento del diablo", al contagiarnos de la llamada "enfermedad holandesa" que en su vientre trae el encarecimiento de los costos locales, inclusive los de mano de obra. Al convertirnos en artificialmente caros, cae el atractivo de nuestro potencial no petrolero, y así descuidamos el desarrollo de las otras riquezas.
Para evitar la enfermedad holandesa, Noruega ahorra parte importante de las rentas de su petróleo, preservando así esta riqueza para usufructo de las generaciones futuras, cuando el recurso petrolero se haya agotado.
