El Junquito, Antímano y Petare sufren desde hace años por el agua
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Desde el 2 de noviembre (día en que comenzó a regir el racionamiento) la ciudad entera supo a cabalidad lo que significa pasar largos períodos sin agua.
Pero en Caracas existen alrededor de medio millón de familias para las que vivir con esas restricciones es normal. Poco más de diez por ciento de los habitantes de la ciudad está en las llamadas zonas de exclusión social, en donde el agua, o llega por ciclos que pueden durar hasta tres semanas o no llega en lo absoluto. Y mientras más alto el barrio (en El Junquito, en Antímano, en Petare) más problemas tendrá con el suministro.
En Caracas no se construye un acueducto desde que en 1978 se hizo el Tuy 3, en un momento cuando la ciudad no tenía ni la mitad de la población que tiene hoy, y esa falta de planificación gubernamental la están pagando los más necesitados.
Aquí se presentan tres casos emblemáticos que reflejan los esfuerzos de estas familias para cuidar cada gota. Para ellos, el plan de abastecimiento especial, como le llamó Hidrocapital al cronograma de racionamiento para la ciudad, llegó como un chiste.
En uno de los puntos más altos de Catia, varias decenas de familias se asustan cuando el caudal del riachuelo que tienen cerca baja: de allí toman todo el líquido que usan, sea para bañarse, asear la casa o beber. Allí, las casas se construyen sin baños: "¿Para qué?", pensarán.
Mientras, en el sector Norte de Petare ya no quieren escuchar más excusas sobre la falta del líquido. El Instituto de Aguas Municipales (IMAS) alega que solo pueden distribuir el líquido que Hidrocapital les mande y, que si no viene con las presiones requeridas, no pueden lograr que el agua corra por los grifos. Mientras, la hidrológica los acusa de mala gestión del líquido.
Las familias, todas de escasos recursos, deben incluir la compra de agua en su presupuesto e inventar las formas más creativas de almacenamiento de lo que les quede.
En el kilómetro 16 de El Junquito, con un clima privilegiado y lejos del bullicio de la urbe, les aquejan otros males. Las tuberías se mantienen secas, pero su preocupación mayor es cuidar de plagas el agua que guardan para que sus niños no se enfermen, esos terrenos son lo único que tienen.
malbornoz@eluniversal.com
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