Ayer fue el segundo concierto de la Orquesta en el Festival de Lucerna
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Lucerna.- Luego de más de diez minutos de ovación, Gustavo Dudamel le hizo señas al público: tenía hambre, sueño, quería ir a descansar. Le tomó el brazo a Alejandro Carreño, el concertino de la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, y salió de la sala del Centro Cultural de Lucerna (KKL).
Así culminó ayer el segundo concierto de la orquesta venezolana, residente del Festival de Lucerna en La Pascua, como se le denomina al ciclo de conciertos que comenzaron la noche del viernes y se extenderá hasta finales de Semana Santa. La velada sabatina comenzó con una imponente Francesca da Rimini de Tchaikovsky, cuyos sonidos sirvieron para preparar la segunda obra: la Sinfonía Alpina de Richard Strauss, sin duda un monumento a la orquestación, y acaso considerada por el autor como su obra más acabada, quizás por la utilización de prácticamente todos los colores de la orquesta, incluyendo el órgano. Este último instrumento estuvo a cargo del maestro Pablo Castellanos.
Dudamel confirmó que el barítono que actuará en La cantata criolla de Antonio Estévez, que dirigirá frente a la Filarmónica de Los Ángeles a finales de abril, será el venezolano Gaspar Colón Moleiro, quien interpretará al Diablo, mientras que Florentino, como ya se había publicado, será el tenor Aquiles Machado.
Además, admitió que haber arribado, en enero pasado, a los 29 años de edad implica una maduración tanto personal como musicalmente. "Hemos hecho música muy profunda. Esta es una orquesta juvenil con un nivel altísimo. Hay un nivel artístico que ha crecido junto al crecimiento individual de cada uno. Hemos crecido juntos desde que éramos infantiles. Se ve esa cohesión colectiva que es superior a la música".
Y los hechos fueron testimonio de sus palabras: la versión de la Alpina demostró por sí sola la maduración que se requiere para abordar esa música, una partitura compleja. La soledad y la montaña vienen a ser símbolos propios del imaginario de Strauss, y años antes de la Alpina lo había demostrado con Así habló Zarathustra, solo que en la Alpina ese hombre que una vez descendió retorna a las alturas, se enfrenta a la dureza del clima, y bastaba ver las montañas que rodean Lucerna, precisamente los Alpes (en estos días nevados) para darse cuenta de lo que Strauss describió con su música.
Fue una velada de reflexión y maduración, en la que los muchachos de la Orquesta demostraron que su juventud avanza hacia una adultez temprana, como la de Dudamel.
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