La red se ha transformado en un arma afilada de la gente contra los abusos del poder
Tal vez el asunto no se deba plantear como pregunta, debido a que el mandón ya inició sus andanadas contra la Internet y usualmente sus andanadas se concretan en breve. Salen de su boca para que los burócratas se ocupen de convertirlas en realidad. El caso de las instalaciones de Polar en Barquisimeto lo demuestra: pasó por el lugar, vio las edificaciones de la empresa y ordenó que desaparecieran, como parte de un sortilegio de feria pueblerina. El problema radica en que no se trata de un embeleco circense, sino de una orden perentoria que no calcula el daño que hace, ni la pobreza que multiplica ni la incomodad que crea ni las leyes que viola, con tal de regodearse en el ejercicio del poder personal; o de demostrar el seguimiento de una supuesta doctrina debido a cuya orientación se dedica a perseguir empresarios. De inmediato aparecieron los acólitos y dieron consistencia al capricho, sin detenerse a pensar en los perjuicios que acarrearía.
Si así pasó con las instalaciones de Polar en Barquisimeto, ¿qué lo puede detener ante Internet? El hecho de que imponga su voluntad en detrimento de una actividad de creación y distribución de riqueza con tradición en el país, vinculada a todas las regiones y formadora de nexos de naturaleza material y de sensibilidad arraigados en el entorno, indica que otra vez puede salirse con la suya. Ya la Fiscal de la República le ofreció una primera muleta para que no camine a tientas la nueva travesía, y seguramente aparecerán otros bastones que lo sostengan ante los escollos. No en balde se atrevió la Fiscal a adelantar una premisa en la que no sólo pueden enredarse los usuarios de Internet, sino también cualquier ciudadano, independientemente de lo que haga o procure en la vida: toda actividad debe estar sujeta a reglamentación en Venezuela, afirmó. No se había visto una pretensión semejante desde los tiempos del Manual de Carreño, que pedía en sus páginas que la gente dejara de roncar en beneficio de las buenas maneras. El ingenuo de don Manuel Antonio fracasó en su deseo de ponerle corsé a los ruidos molestos de los durmientes, pero seguramente la Fiscal desconoce la ruta de desengaños sorteada por la urbanidad de hechura nacional. El ejemplo de un librito cuyo desuso es cada vez más evidente no debe ponerla a cavilar.
Pero hay un aspecto que puede mover su reflexión. La de ella, desde luego, porque tal vez resulte inútil pedir el mismo portento a las pulsiones de su superior. Internet es la creación más entrañable y eficaz que ha inventado el género humano, no sólo para que sus criaturas se acerquen sino también para que manifiesten sus ideas y sus sentimientos. La alternativa de una cercanía hasta hace poco inimaginable ha dependido de la ausencia de trabas que no sean las de la adquisición de los equipos imprescindibles para el cometido. La gente forma parte de una red debido a que pone a funcionar una voluntad de aproximación ante la cual no existen barreras, que no sean las propias que la gente propone para evitar la desaparición o la turbulencia de la red. De allí que no sólo se esté ante un vehículo medular de universal cercanía, sino también ante la eficacia del talento capaz de impedir el fracaso de aquello que la tecnología le ha ofrecido para experimentar las conminaciones de su actualidad. Así como se forma por uniones infinitas, Internet busca fortaleza y permanencia mediante el remiendo de sus entuertos cuando es menester, sin códigos que no sean los que aconsejan una relación susceptible de generar confianza entre interlocutores del más variado pelaje. Si así funciona en la mayoría de los países del planeta, parece cuesta arriba que una de sus partes nacionales se paralice o contenga partiendo de un interés gubernamental acosado por las miradas foráneas. Tales miradas no serían indiferentes ante el acoso de Internet por el Gobierno.
Cuesta arriba, pero no imposible, debido a los ingredientes de libertad que cobija en su regazo la Internet venezolana. En una sociedad poseída por el demonio de la política, la red informática se ha transformado en un arma afilada de la gente contra los abusos del poder, en una acuciosa lupa que observa detalles incómodos, en un desahogo al cual tiene acceso el ciudadano común sin la obligación de militancias notorias, pero capaz de producir la sorpresa de una solidaridad que le enredaría la vida a la hegemonía reinante. Y aquí se puede pasar de castaño a oscuro, porque tales conductas son unos lujos prohibidos en el reino del mandón. Por todas sus implicaciones Internet seguirá gozando de buena salud entre nosotros, seguramente, sin que el hecho signifique que tenga la vacuna de la inmunidad.
eliaspinoitu@hotmail.com
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