Expertos señalan que prácticas como "el coliseo" ocurren por falta de control
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La ejecución cada vez más generalizada de sanguinarios eventos en el interior de las cárceles venezolanas provocó que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos(CIDH) condenara el brutal "Coliseo romano", donde más de sesenta presos de la cárcel de Uribana pelearon a cuchillo el pasado martes para dirimir diferencias.
Pero los reclusos sostienen que han tenido que recurrir a ese tipo de prácticas para llamar la atención de las autoridades sobre medidas como los intempestivos traslados a otros penales. También para denunciar atropellos y mantener el "orden" interno.
Los presos sostienen que Uribana es la cárcel pionera en sistematizar las peleas a cuchillo aunque en otros penales ese tipo de enfrentamientos se ejecutan cualquier día y a cualquier hora. Por ello en el internado del estado Lara se reportan heridos por docenas.
Juan Cisneros, un penado de la cárcel de Yare I, explicó que allí los "gladiadores" salen a la arena de manera espontánea mientras que en Uribana se "canta" coliseo sólo los viernes. Las conflictos de cualquier naturaleza se van acumulando y el día viernes se convoca a una cartelera. En la velada cada contrincante sale al ruedo y escoge el tipo de arma blanca, que, según la categorización carcelaria, se clasifican en "paseo", "medio brazo" y "pala".
Este último se encuentra virtualmente proscrito porque las lesiones contuso-cortantes implican la muerte. Las peleas se realizan en la cancha de básquet o en áreas confinadas.
En Uribana los internos se enfrentaron en un macabro rito carcelario el cual dejó un saldo de 35 heridos. Los presos adelantaron el cartel debido a que los custodios del MIJ faltaron ese día a su trabajo.
El Coliseo hacia finales del siglo VI se caracterizó por ejecuciones de prisioneros por animales (noxii) y las peleas de gladiadores (munera).
Decapitaciones
En la mayoría de los penales los reclusos también recurren a coserse la boca como señal de huelga de hambre y demandar la presencia de fiscales, defensores públicos y jueces.
Los presos dicen estos conflictos son endémicos, pues las autoridades convocan a mesas de diálogo y persisten los problemas.
En Vista Hermosa y El Dorado los reclusos han afinado el arte de las denominadas "huelgas de sangre", las cuales consisten en abrirse la dermis y epidermis y provocar heridas con exposición del hueso. La brutalidad obliga a las autoridades a trasladarlos a centros asistenciales y escucharlos.
En otros penales los reos se valen de sus excretas y otros detritos para autogenerarse conjuntivitis. Además, utilizan jeringas para provocarse estados febriles debido a infecciones generalizadas. Así consiguen su traslado a los hospitales, donde otros cómplices los aguardan y logran evadirse.
Los decapitamientos son menos frecuentes. Éstos se producen cuando las bandas internas deponen a los líderes en los llamados "cambios de gobierno" o cuando éstos son develados y frustrados como en la llamada masacre de Santa Ana (2006), donde doce reclusos fueron decapitados y descuartizados en una masacre.
Hacinamiento y drogas
Para el penitenciarista Elio Gómez Grillo, la utilización de prácticas atroces como fórmula de resolución de conflictos en los penales venezolanos obedece al hacinamiento de 30 mil famélicos reos que sobreviven hacinados, drogados y envilecidos sexualmente.
"No mueren más porque son muy jóvenes con edades entre los 18 y 25 años, pero evidencia la poca presencia del estado en estos albergues donde cada día muere uno o dos presos. Allí les cobran hasta por ver el sol", dijo el doctor Gómez Grillo.
El especialista lamentó los índices de violencia que ubican los penales venezolanos como los más violentos del continente. Señaló que el pasado año se registraron 365 asesinatos en las cárceles de Venezuela mientras que en Brasil, con una población de medio millón de reclusos, solo hubo 25 fallecidos. Instó a las autoridades a utilizar especialistas para enfrentar el fenómeno como los egresados del Instituto Universitario de Ciencias Penitenciarias.
Por su parte, el abogado Humberto Prado, coordinador del Observatorio Venezolano de Prisiones, señaló que los reclusos responden a su entorno.
"Si nuestras cárceles son cavernícolas, ellos se comportarán como tales; pero si son humanas habrá otro tipo de respuestas", dijo. Lamentó que en época del penitenciarismo moderno se observen estas atrocidades.
El activista de los derechos humanos dijo que el talante democrático de un Estado se mide por el trato que le proporciona a las personas privadas de su libertad.
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