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Si Chávez fuese oposición

Sin un proyecto-país fresco y coherente, sería más peligroso, que dejarlo donde está

ORLANDO VIERA-BLANCO |  EL UNIVERSAL
lunes 15 de marzo de 2010  12:00 AM

La situación podría agravarse. La estructura moral del país o la que queda de ella, no se calibra únicamente de cara a la conducta del gobernante. La descomposición ética también se manifiesta en los actores que aspiran entrar al poder, y no han tenido la suficiente solvencia política para pulsar la inteligencia (preferencia), de aquellos que están dispuestos a migrar. Es la dinámica de un "burdel político", que subasta puestos y curules, votos y maquinarias, bajo el subterfugio de un "consenso", que no ve de méritos, sino de quién puja más.

El país se cansó de Chávez. Pero también de una oposición terca e ineficaz, que no comprende que la salida, no pasa por sacar al comandante del poder, sino de cómo relevarlo con un proyecto viable. Emanciparnos de la anomia en que vivimos, está en el rescate cultural del país, de la confianza grupal, de la reivindicación del pasado, ese que reconoce el legítimo derecho de los relegados, a expiar sus resentimientos y atavíos, con aceptación y aprecio, no con la visión utilitaria de arrancarle un voto. El país ha llegado al colmo de la primitividad, de la ceguedad política, de la crueldad social, misma que naufraga tanto en patrullas o milicias electorales, como en mesas de unidad. Se desataron los instintos, los egoísmos, la supervivencia animal. Es un todos contra todos, es el desligue de monstruos y fantasmas políticos, del Leviatán mismo, que no contenemos porque perdimos la capacidad de pactar un país. Es la permuta del sentido común por el sentido de conveniencia y oportunidad. No hay noción de patria. Lo que vale es el purito poder. No se aprecia el momento histórico de un pueblo, que defraudado por una revolución improvisada, pide a gritos una alternativa que recoja los desencantos del olvido y la depauperación.

Comprender el alma de la nación es conectarse con el espíritu real de las masas. Con sus sentimientos y anhelos más profundos. Con sus necesidades y sus dramas. Mientras Chávez se quedó pegado en sus trineos ideológicos, en su visión gendarme, militarista y expropiatoria, la oposición no pasa de ser un fajo electoral. La dimensión de su compromiso es del tamaño de una urna, de un cintillo de propaganda política. Ha llegado la hora de romper moldes. De deslastrarse de la insulsez que nos ha arrastrado a la nada. De apartarse de lo que no sirve y hacer más por cuenta propia. De dar y ofertar. De aglutinar bajo un "ideal" superior, que sacar a Chávez del poder. Porque Chávez en la oposición sin un proyecto-país fresco y coherente, sería más peligroso e inmanejable, que dejarlo donde está. Este es debate y nuestra tragedia.

vierablanco@cantv.net



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