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¿Mi vida… o una corbata?
SAUL GODOY GÓMEZ |  EL UNIVERSAL
lunes 15 de marzo de 2010  05:00 PM

Cuando las personas actúan, tienen "razones" para hacerlo, unas veces actuamos por principios y otras por preferencias, y hay una diferencia importante, no es lo mismo que explique por qué me gusta comer arroz chino, que es una cuestión estrictamente de gusto o costumbre, que no afecta a otros ni es muy importante, a que dé mi opinión sobre la pena de muerte, que para responder, tengo que revisar mis valores morales, en ambos casos tengo razones pero muy distintas. En las pasadas elecciones sobre la enmienda, a la permanencia indefinida de Chávez en el poder, para muchos simplemente fue escoger una preferencia (de colores, de nombres), para otros, fue un dilema moral (de principios) que ponía en juego nuestras libertades.

Cuando se nos exige una respuesta ética a un problema, uno debe tener razones para tomar una decisión, razones que sustentan dicha respuesta, de hecho, yo espero de las otras personas que tengan razones para actuar como actúan, y como mínimo que puedan explicarlo y que tenga sentido, y esto es necesario, porque muchas veces las decisiones de los otros me afectan.

No es nada tranquilizador que a mi alrededor existan personas haciendo decisiones que tienen un impacto sobre mi trabajo, cuánto valen las cosas, sobre mi seguridad y la de mi familia, y que no me puedan explicar, razonablemente, porque llegaron a tales decisiones.

Los animales hacen las cosas sin saber por qué, los guía su instinto, cuando los humanos actuamos no escapamos a este sino, muchas veces actuamos sin razones, pero nunca ante un problema ético, ya que implica, necesariamente, el uso de la razón, de la objetividad, necesitamos pensar, revisarnos, evaluar la situación, y para ello, usamos el pensamiento sustentado por el lenguaje, pero también nos acompañan los sentimientos, ineludiblemente tenemos una manera de sentir sobre ciertos tópicos como el aborto o el divorcio, igualmente influyen nuestras experiencias, lo que hemos visto y vivido, y que conforman parte de nuestra personalidad, de los grupos de los que somos parte y con los que compartimos principios, si soy miembro de una iglesia, de un club, o de un gremio, hay valores que comparto y que afectan mis decisiones.

Se adquiere conocimiento del mundo por medio de la razón, es la que organiza toda la información que captan nuestros sentidos y lo integran al ser, de modo que, toda decisión moral pasa, obligatoriamente, por la razón de cada individuo. El libre arbitrio, es la libertad que tiene el hombre de pensar o no, esa elección determina el carácter de la persona, si decide no pensar sobre una situación lo que hace es que suspende la conciencia, deja que otros piensen por él, que las circunstancias decidan, hacerse el irresponsable y negarse como ser humano, es el primer paso para convertirse en masa, en colectivo.

Para Henry B. Vestch vivir inteligentemente (razonablemente) consiste en: "…hacer que cada una de las propias decisiones vayan guiadas por todo el saber y la comprensión que se pueda aportar al esclarecimiento de cada situación… ser humano consiste, ni más ni menos, en ejercitar las virtudes intelectuales y morales".

El neomarxismo, ataca precisamente el núcleo del lenguaje en el individuo con el propósito de anular y relativizar estos valores, cuando la problemática moral se traslada a los componentes lingüísticos y semánticos, cuando se ataca la lógica y la estructura del pensamiento racional para presentarlo como inútil y poco confiable, lo que se persigue es equiparar a los principios con las preferencias. Hacer de las decisiones morales y éticas una frívola práctica de preferencias, no más profundas como la de escoger el color de una camisa que nos vamos a poner, aún en casos de vida o muerte, es uno de los fines del comunismo.

percival367@yahoo.com



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