CARACAS, lunes 15 de marzo, 2010 | Actualizado hace
El despojo de los Quintero nos impresiona, nos pega y nos duele tanto a tantos no sólo porque conocemos y queremos a Valentina quien "enseña" y ama al país en todos sus recovecos, a Inés quien escudriña en el pasado para regresarlo convertido en lecciones para el presente y a Arianna hija de la primera, brillante muestra de la nueva camada de venezolanos quien también ha hecho de esta tierra de aventuras su leit motiv, el caso nos ha "movido" porque ellas y toda la "quinterada" son el vivo retrato de los Pérez, los González, los Martínez, los Párraga y coloquen ustedes en la lista el apellido de cualquier familia que se ha levantado a punta de trabajo y con esfuerzo propio. Es que decimos "ese bolero es mío" cuando escuchamos los cuentos de cómo se reconstruyó la casa de Caruao y cómo los viejos la asumieron como su hogar para pasar su ocaso generando tanto amor a su alrededor que se extendió al pueblo vecino. Así esta vivienda se convirtió en el punto de reunión de toda la prole quienes cuando podían se "embochinchaban" todos en torno a esos señores y se exaltaba a lo máximo algo que nos está haciendo tanta falta como sociedad como es el de ser y disfrutar lo que los libros de sociales, otrora cívica, definen como "la célula fundamental de la sociedad": la familia. Y hacemos hincapié en la palabra "disfrute" porque no hay nada más venezolano que el relajo con el familión. Ese cariño rico en primera instancia que se hace sancocho, parrilla, hallacada, dominó y cuentos del pasado. Esos valores que se transfieren en la conversa de la noche, en el cafecito de la mañana o en el desvelo de la madrugada por alguna preocupación compartida. Y ese "gentío" y ese "amor" en torno al tronco central que son los viejos. Puede estarse cayendo el mundo pero si hay familia tenemos donde "asirnos".
Y es que la familia así asumida, en grande y con feliz intensidad, es el manantial con el que tenemos que regar esta siembra de odio, división y sinvergüenzura que se han propuesto implantar. El caso de los Quintero no es una muestra de "justicia social", tampoco del rescate de tierras engordadas por unos terratenientes. No, es un despojo de la vivienda, del hogar de unos señores que luego de trabajar toda su vida y levantar una familia asumieron ese recodo de la costa como su hogar y por ende de sus hijos y sus nietos. Es decir cualquiera de nuestros padres, o de nuestros abuelos, cuyo mayor legado es el haberse "fajado" para darnos educación como principal activo para que con esta "echáramos pa'lante" y su mayor disfrute en el ocaso de esos guerreros es reunir en "su casa" a ese gentío para prodigar su amor. Esa historia también puede ser nuestra. ¿Aún no lo creemos?
mariaisabelparraga@gmail.com
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