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Con armas no hay paz
SANTIAGO QUINTERO |  EL UNIVERSAL
lunes 15 de marzo de 2010  12:38 PM

Con armas, no hay paz. Cuando el respeto hacia un Estado, hacia una persona, hacia un grupo humano en particular o hacia la sociedad en general se fundamenta en la tenencia de las armas, ese Estado, ese grupo, esa sociedad se encuentra más vulnerable que nunca a la violencia. Vale decir, mientras existan más armas, hay más inseguridad.

La industria de las armas es la más dañina y la más inútil de las cosas que haya inventado el hombre para combatir a la violencia, porque lo convierte en una extensión de su instinto animal de cazador depredador, alejándolo de la condición que posibilita su trascendencia en el universo que habita. El arma no es un tótem que muchos creen inmóvil. El arma convierte a la mejor de las intenciones en la peor de las tragedias.

La industria de las armas es la única empresa que el hombre ha financiado para destruirse. La industria de las armas termina devorándose los recursos que la humanidad requiere para vencer al hambre, a la enfermedad, a la pobreza. Las armas cierran hospitales, dispensarios de salud, escuelas, liceos, universidades, sanatorios, guarderías, jardines de infancia, ancianatos.

Donde germina un arma desaparecen los libros, los medicamentos, los alimentos, los servicios, el agua, la luz, los árboles, porque el único paisaje que admite el arma es el desierto, la desolación total, sin árboles, sin ambiente, sin nada. El arma, insaciable en su naturaleza destructiva, fue concebida para aniquilar, para destruir, para imperar basada en el terror.

Quien le propone a la sociedad que la solución a sus problemas está en el arma que porta, realmente la está asaltando literalmente. Le está colocando un cañón en la sien a la justicia, a la paz, a la fraternidad y por consiguiente a la libertad y a todos los derechos. No hay moral en una ametralladora o en un fusil. Ningún arma ha hecho libre a los pueblos: ese es el gran mito que aún hoy seguimos enseñando en las escuelas, en los liceos y las universidades en todo el mundo. Los pueblos se han liberado de la opresión cuando deciden no colaborar con ella. Ningún yugo se ha roto en un campo de batalla. Los yugos solo se rompen cuando la paz los desarma de la violencia y de la opresión que ejercen. Pero el poder sempiternamente repite su discurso armado para decir que es garante de la Paz. No. No es así. Solo la acción del amor por la paz puede resguardarla.

santiagoquintero@gmail.com



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