Día a día los venezolanos deben convivir con la amarga realidad de los cortes eléctricos. El racionamiento del servicio básico ha ocasionado cambios drásticos en la calidad de vida y los métodos de trabajos de familias de todas las clases sociales del país. Las regiones ancladas en el interior de la geografía nacional han sido las más perjudicadas por la aplicación, muchas veces de forma irregular, de la suspensión del fluido eléctrico.
Ante la carencia, las comunidades enteras salen en protesta a las calles y avenidas esperando una respuesta oficial, pero deben conformarse con el pronóstico de que se esperan lluvias para el mes de junio.
El descenso en los niveles de manufacturación de una empresa de calzados en el estado Aragua; los impedimentos técnicos para el desarrollo efectivo de la actividad en el campo agrícola en Barinas; la reprogramación del horario de atención a los clientes en una peluquería de la zona central de Valencia, y el viacrucis que debe soportar una familia entera del estado Zulia para poder realizar sus actividades cotidianas, son una muestra evidente de que sostenerse a media luz resulta cuesta arriba.
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