La señora acude a la invasión con una franela roja y un agradecimiento al Presidente
La joven señora, con cuatro hijos a cuestas y un marido que trabaja dos días cada tres semanas se fue con un grupo de vecinos a participar en una invasión en Charallave. Vive del día a día con lo que puede llevar a su casa para alimentar a los hijos y al marido. Producto de una invasión logró hacerse de un terreno de 120 metros en Mariche y construirse una casita. Pero eso no la detuvo para unirse a un grupo liderado por una junta comunal para invadir otras tierras.
Así que con un bebé de seis meses a cuestas debe pernoctar todas las noches en los terrenos invadidos, ya que los líderes pasan listas diariamente y el que falle pierde su cupo.
La invasión de los terrenos de la familia Quintero en Caruao tiene el mismo patrón: Afiches de Chávez, logos del PSUV, la inevitable banderita tricolor y el "patria, socialismo o muerte" con lo cual legalizan la acción liderada por la junta comunal.
De allí en adelante todo será más fácil. El Gobierno los provee de materiales de construcción, cuyos centros de acopio se han dispuestos en gran parte del territorio, una maraña de cables extraída de los postes darán luz a la nueva comunidad y de la noche a la mañana unos 120 ranchos emergerán en donde antes había un sembradío, un parque nacional o una pequeña finca productiva que generaba riqueza en su entorno.
Del nuevo rancherío se beneficiarán los supuestos líderes comunales, los nuevos invasores y al final de la cadena, los que terminarán comprando el tarantín, pero eso sí, no a precios regulados sino de mercado. Porque si hay algo que tienen claro en un barrio son las leyes del libre mercado.
Así que en poco tiempo el nuevo barrio "Hugo Chávez" será habitado por gente necesitada, pero también por invasores de oficio o indocumentados que han arribado a Venezuela atraídos por las "facilidades" que ha dispuesto el Gobierno para hacerse de un "propiedad".
Ese es el nuevo ciudadano que la revolución está sembrando. Es el mercado electoral seguro. Un ciudadano a quien, en lugar de incentivarle el trabajo creativo, se le promueve la vagancia, el robo y la destrucción del entorno. Pero si bien su conducta ha sido alimentada por la ideología oficial que fomenta el odio de clase, ha tenido su caldo de cultivo en la incapacidad del Gobierno para desarrollar eficientes planes sociales que eleven el nivel de vida en zonas populares, o que en lugar de crear nuevos centros de producción, se expropia los que existen para llevarlos a la quiebra.
Por eso la señora acude a la invasión con una franela roja y con un profundo agradecimiento al Presidente por lo que ha hecho por ella: Trabaja con el menor esfuerzo y ya tiene una buena propiedad, pero está a punto de proveerse de otra.
folivares@eluniversal.com
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