Cuando Tony y Ana Carlota Quintero llegaron hace 15 años a "La Haciendita", cercada con alfajol, con una casita de techos de asbesto y piso de cemento, que ahora es "La Guachafita", jamás imaginaron que un día saldrían una mañana huyendo de la anarquía de unos invasores que resultaron ser sus vecinos y conocidos.
La finca de los Quintero , no es sólo un terreno de tres hectáreas, significa para la familia un lugar de paz y de unión, un pueblo donde sólo tenían amigos y nunca nadie les manifestó algún resentimiento.
Pero tras la invasión que sufrieron la semana pasada y las amenazas de muerte, el panorama cambió totalmente para los Quintero. Es Ana, más que Tony, quien responde la mayoría de las preguntas.
-¿Cómo es su relación con el pueblo de Caruao?
-Somos personas pacíficas, decentes. La relación con el pueblo es buena. Es muy lamentable esta situación, porque allí hicimos una labor por la juventud. De dar a entender y conocer las plantas. Allá llega gente que ni siquiera sabe cómo es una mata de piña. Nos hemos preocupado por enseñarles a los niños a apreciar la naturaleza en toda su medida, a través de dibujos y de la enseñanaza de compostero para reciclar la basura. Además, en Caruao hay una cosa que yo siempre la comento, y es que toda la gente tendrá todos sus defectos pero son unidísimos en el dolor. Cuando alguien se muere todo el pueblo va al entierro y llevan al fallecido en el hombro hasta la loma donde está el cementerio. Y yo, Ana Quintero, he comprendido tanto eso, que nunca falté a un entierro del pueblo. Siento que esa solidaridad en el dolor no se debe olvidar.
-¿Cómo ven el quiebre en esa buena relación que tenían con la gente de Caruao y a qué se debe?
-No lo podemos entender. Ellos dicen que no tienen donde vivir, que es por la situación económica, pero ¿Por qué ellos escogieron ese sitio? Nunca alguien nos había dado señal de que estuviera molesto con nosotros. Las razones uno no las sabe, porque incluso ya han invadido fincas de personas que tienen más tiempo que nosotros en el pueblo, hasta más de 20 años en Caruao, y ahora resulta que quieren invadirlos.
Ahora, ¿qué podemos hacer nosotros para que eso cambie?, no lo sabemos, consideramos que todo lo que hemos hecho es en beneficio, nunca hemos tratado mal a nadie.
Creemos que hay unas torceduras, mal asesoramientos que aseguran que esas tierras no son de nosotros, luego que llevamos tantos años viviendo allí y tenemos todo en regla.
- ¿Había alguna zona de la finca ociosa?
-No. Lo que más nos duele de esto es que quemaron y talaron durante ocho días lo que nosotros habíamos sembrado. Allí había jovitos, guanábanas, nísperos y matas de mandarinas. Los invasores dicen que estaba lleno de gamelote. En esos montes no puede faltar el gamelote porque se reproduce con una velocidad increíble, y entre más sol más bellos se ponen.
-¿Qué significa para ustedes La Guachafita?
-En La Guachafita tenemos toda la avenida llena de cayenas. Esa es una labor de muchos años. Allí se ha jugado mucho con el color y el movimiento de las plantas. Mis hijos van todo el tiempo. En navidad va toda la familia hacer las hallacas bajo las matas de mango, en un caldero sobre un horno de leña. Es un sitio de reunión y de guachafita porque todos son unos grandes guachafiteros y cuando estamos juntos estamos muy felices.
-¿Al regresar a su finca cómo creen que será la relación con el pueblo?
-Nosotros sentimos un profundo dolor porque ahora, después de tanto tiempo, hay un rechazo tan marcado hacia nosotros, incluso de querer agredirnos. Eso lo que nos produce es dolor. No tenemos ningún espíritu de venganza. En el supuesto de que nosotros volvamos, pienso que seré exactamente igual como he sido todo el tiempo en el pueblo. No pienso cambiar para nada y veremos cuál será la actitud de esa parte de la población que decidió invadirnos.
nvelasco@eluniversal.com
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