"Espacio sin volumen" se muestra en Periférico Caracas, desde ayer
Las ruinas de Villa Arreaza (1956) renacen. La casa, también llamada La Diamantina, concebida por el arquitecto italiano Gio Ponti, se levanta desde ayer gracias a las manos de Mauricio Lupini (Caracas, 1963). Él reconstruyó, parcialmente, un pedazo de historia en una escala 1:1 para, dentro de ella, mostrar las obras museográficas que se movían en ese tiempo. En fin, un Espacio sin volumen que se presenta en el Galpón 1 de Periférico Caracas/ Arte Contemporáneo.
"La muestra se basa en arquitectura, diseño y arte. Son sobre episodios de arte moderno y arquitectónico que sucedieron en Venezuela y desaparecieron. Desde hace tiempo ando trabajando en el tema de la modernidad, porque es una parte de nuestra historia muy fuerte e importante. Creo que uno de los problemas es que tratamos de hacer borrón y cuenta nueva; tratamos de borrar la Historia. Aquí traigo a la luz pedazos de la Historia que desaparecieron y los pongo en evidencia", afirma sin disímulo Mauricio Lupini.
Así es como el artista utiliza la estética de la modernidad para hablar precisamente de las ruinas de esa modernidad. Esa que arquitectónicamente hoy en día no tiene sentido replantarse.
"En realidad la muestra se centra en Gio Ponti y Giorgio Moranti, el pintor. Pero no es un homenaje a ellos. Es que ellos forman parte de una modernidad muy particular y atípica. Por ejemplo, hablaba de la ligereza en la arquitectura, casi de la desmaterialización de ella. Tienen unos valores que son interesantes, que son muy distintos a la arquitectura que nosotros conocemos como modernidad. Por eso me parecía interesante volver a tener ese espacio", afirma.
La exposición está compuesta por una serie de fotografías tomadas en el Museo Nacional de Estocolmo. Se trata de la sombra de unas sillas modernas, que Lupini utiliza para rememorar uno de los episodios de la sociedad venezolana: la migración de muebles escandinavos y europeos que hubo en los años cincuenta.
Además, tendrá como instaladas unas lámparas con pantallas de los años cincuenta, plantas al mejor estilo de las instalaciones de Gio Ponti y composiciones cromáticas.
Así como tres videos: el primero alusivo a la subasta, en Londres de 1997, de las obras de Morandi; el segundo, utiliza a la Onda Nueva para aludir a la implantación del lenguaje moderno en el contexto premoderno de Venezuela; y el tercero, sobre las vidrieras del Museo Nacional de Estocolmo.
"En toda la muestra hay un juego sobre la percepción del espectador. El juego se ve sobre todo en los videos que son abstractos; con la idea, es de los reflejos. Creó unas imágenes que uno no logra entender. Me interesa mucho que el espectador se cuestione y se pregunte qué está viendo y me ayude a completar la obra", dice.
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