Ante el atropello del gobierno venezolano de realizar la modificación y aprobación de leyes que enmarquen un sistema socialista, hay que analizar el impacto de la legislación e influencia en las economías de mercado versus las economías planificadas y el alud de discrecionalidades que en esta se ejecutan. Ya que la ley es la organización colectiva de legítima defensa de los derechos individuales.
La economía de mercado nace de un fenómeno espontáneo que por definición no se planifica, que no es necesario entenderla para que funcione y que sólo ocurre cuando se protegen tres derechos individuales fundamentales: la vida, la propiedad y los contratos. Comprender estos principios es esencial para encontrar el camino democrático de un sistema libre. Estos derechos individuales los necesita un sistema de mercado para encontrar su orden espontáneo y sobre todo la paz en la sociedad, ya que la violencia viene justamente de la violación de estos derechos.
Tenemos el derecho de defender nuestra vida, libertad y propiedad. Estos son esenciales para la vida y la preservación de cualquiera de ellos es totalmente dependiente de los otros dos. Así cuando los protegemos las personas actúan por derecho y no por permiso, por ende se minimiza la corrupción al no intervenir la burocracia con autoridad discrecional y por tanto, no hay a quien sobornar.
Los derechos individuales y un sistema de mercado, maximizan la eficiencia económica para satisfacer las prioridades de la población, ya que las manifiestan con su demanda. Igualmente el éxito de cada individuo dependerá de satisfacer las aspiraciones, necesidades y deseos de terceros, porque ellos pueden escoger intercambiar con quienes más los satisface.
Protegiendo los derechos individuales la economía prospera, pues sientan las bases en las que se levanta el sistema de mercado. Dicho orden prevalecerá entre los individuos teniendo la más simple, económica, no opresiva, justa y fácil de aceptar forma de gobierno. Cada quien asumiría todos los privilegios y responsabilidades de su existencia. Nadie tendría argumentos contra el Gobierno porque cada individuo seria respetado, su trabajo libre y el fruto de su esfuerzo protegido. No agradeceríamos o culparíamos al Estado por nuestro éxito o fracaso.
Lograr conseguir que nuestras necesidades y sus respectivas satisfacciones se desarrollen de forma lógica, es posible gracias a la no intervención del estado en los asuntos privados. Hemos vivido las distorsiones de la intervención en la economía, la escasez cuando se priva al mercado de establecer los precios. Estas decisiones legislativas que vivimos en sistemas centralizados cargan al Gobierno de responsabilidades que no le corresponden y cuando el Estado fuerza las leyes a excederse en sus propias funciones, estas actúan en directa oposición a sus principios.
En este sentido los regímenes centralistas usan al derecho y sus leyes para destruir sus propios objetivos, aplicándola para inhabilitar la justicia que debe guardar, limitando los derechos que se deben respetar y colocando poder en manos de grupos de interés inescrupulosos con formas de fuerzas colectivas, quienes sin tomar riesgos explotan al individuo, su libertad y propiedad. Convirtiendo la expropiación en un derecho de interés social para proteger la misma expropiación, hasta convertir el legítimo derecho en crimen para castigar la defensa legal. Pervirtiendo de tal forma al derecho diría Bastiat, por influencia de la estúpida avaricia y falsa filantropía.
Economista de la Universidad de Carabobo
pintoreinaldo@gmail.com
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