La motivación es el principal requisito
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En el país el trámite de las adopciones está descentralizado. Existen 24 oficinas de adopción, todas ellas adscritas al Idena (Instituto Autónomo Consejo Nacional de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes), que es el ente encargado de gestionar los procesos de adopción.
Dependiendo del estado o ciudad, al solicitante le corresponde una oficina de su jurisdicción. Para ubicar esta oficina, Idena posee un número de central (0212.287.00.05), a través del cual se puede obtener la información necesaria.
Cada oficina y cada región tienen su propia realidad. La oficina de adopción está integrada por un equipo multidisciplinarlo, que realiza dos grandes procesos: uno dirigido a los niños, para certificar su adoptabilidad, y otro hacia los solicitantes, para evaluar su idoneidad como padres adoptivos.
Para dar el paso de la adopción es importante no intimidarse con los requisitos. De hecho, el proceso se puede iniciar sin necesidad de completarlos todos. Especialmente la parte clínica, que se hace sobre la marcha para garantizar la vigencia de los exámenes.
En cuanto al perfil del solicitante, no hay un prototipo establecido. Realmente son pocas las personas a las que se les niega la posibilidad de la adopción. No importa si se es soltero o no se tiene casa propia, cualquiera que tenga las condiciones para acoger un niño puede someterse a la evaluación "bio-sico-social-legal".
El eje fundamental de estas pruebas se centra en la parte sicológica y las motivaciones. Esto, porque buena parte de las personas que deciden adoptar un niño han tenido problemas de infertilidad y se acercan a esta alternativa sin haber resuelto sus conflictos emocionales.
La persona debe estar psicológicamente dispuesta a emprender con toda la energía, el entusiasmo y la alegría el tema de la adopción, sin pensar que es su última opción. La idea es situarse en la misma situación como cuando decidieron engendrar a su hijo, con la misma entrega y pasión.
De lo contrario, se harán eco del mito de la dificultad. Cuando la gente dice que es imposible adoptar en Venezuela, es porque lo ha hecho por los caminos verdes, e ideológicamente no les conviene decir que las cosas son fáciles, o lo dicen desde el lugar de la depresión, donde una persona todavía sufre de esa herida narcisista por no poder engendrar. Bajo esa perspectiva cualquier esfuerzo, así sea minúsculo, se magnifica.
Una vez superados los obstáculos personales, se puede emprender la adopción con una mejor actitud. En este proceso no existen escenarios predecibles. El tiempo va a depender tanto de la disponibilidad de niños adoptables como de los requerimientos del los solicitantes.
En Venezuela, y buena parte del mundo, la institución de la adopción presenta un escenario muy distinto al de los niños esperando a ser escogidos tras una vitrina de exhibición. Precisamente la estructura está creada para que eso no suceda.
Buena parte del proceso de adopción está montado sobre la base de hacer una mediación técnica y humana lo más acertada posible; es decir, que no haya arreglos entre particulares ni prive el capricho o el gusto de alguien. Se trata fundamentalmente de resguardar el interés superior de los niños.
Por esto, el equipo de la Oficina de Adopción es el que lleva la batuta. Ellos, al evaluar la adoptabilidad del niño y la idoneidad de los solicitantes, pueden sentarse en una mesa con un panorama bastante amplio e indagar sobre qué familia le conviene a cada niño.
Luego que consiguen rasgos de afinidad entre un niño y un solicitante, se realiza la propuesta a la familia y se efectúa un "emparentamiento técnico o administrativo"; es decir, se le enseñan las características del niño (emocionales y físicas) para saber si están interesados en conocerlo. Así comienza el acercamiento, bajo un proceso bastante protocolar.
También, coexisten en Caracas un Programa de Colocaciones Familiares y un Plan Nacional de Familias Sustitutas, con niños más grandes y medidas temporales en principio, aunque pudieran ser por tiempo indefinido. Con estos niños existe la necesidad de que haya química y empatía, por lo que se utiliza a discreción el tema del contacto físico. Además, ellos suelen ser los que realmente adoptan al solicitante.
Luego de que se genera ese contacto con el niño y la familia decide adoptarlo, continúa el monitoreo y las evaluaciones, para reconocer si hay elementos de sostenibilidad, que garanticen el éxito de la adopción. Aumentan las visitas, les dan permiso para salir a pasear, van a una fase de pernocta (se pueden ir a la casa a pasar la noche) y, una vez que concluye satisfactoriamente esa fase, el equipo técnico informa al juez para que dicte una medida de colocación familiar.
En los primeros seis meses de convivencia, la Oficina de Adopción debe realizar al menos dos visitas de seguimiento. Y, si las visitas son positivas, el juez puede dictar el decreto de adopción.
Este decreto constituye el deseado final feliz. A partir de entonces, se puede ir a la jefatura civil y cambiar la partida de nacimiento original del niño por la nueva, en la cual se modifique su nombre y apellido.
Para conocer más detalladamente los requisitos de adopción se puede ingresar a la página de la Asociación Civil Proadopción, http://www.proadopcion.org/, sección preguntas frecuentes, o comunicarse por los teléfonos 0212.577.39.85 y 0416.706.65.58.
José Gregorio Fernández, director general de Proadopción
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