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"Lo del Sambil es un capricho que escapa a lo jurídico y vecinal"

Mendigos, patineteros y grafiteros amenazan los alrededores de la polémica estructura

A estas alturas y después de 13 meses de incertidumbre, vecinos y comerciantes coinciden en que lo importante es que el lugar no permanezca cerrado (Kisai Mendoza)
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DELIA MENESES |  EL UNIVERSAL
martes 19 de enero de 2010  12:00 AM

Lo que sea que vayan a hacer, háganlo ya. Este es el clamor unánime de los dolientes de lo que sería el centro comercial Sambil en Candelaria. A estas alturas, vecinos y copropietarios solo piden que se ponga fin a la incertidumbre que comenzó hace un año y un mes con el primer anuncio de expropiación.

"Dentro de las funciones del Presidente diera la impresión que está la de tener a los ciudadanos en un estado de angustia única. Este problema ha atentado contra la salud mental de las personas. Hace muchos años que la parroquia no tenía un espacio urbano de recreación tan bonito", dice la vecina Elena Palacios, quien estuvo al frente del proceso de recolección de las 11.124 firmas que apoyaban la apertura del centro comercial, y que fueron entregadas a la Sindicatura, sin ninguna respuesta oficial.

Félix Scarpatti, vecino de Candelaria, cree saber el por qué esta expresión ciudadana fue ignorada. "Hicimos todo tipo de diligencias. Pero este tema escapa de lo jurídico y de lo vecinal. La institucionalidad se ha perdido, por eso no hay acciones cívicas ni legales que valgan. ¿Adónde podemos recurrir cuando hay un capricho presidencial?", cuestiona.

"En un principio optaron por atacar a la construcción por los permisos, pero no pudieron porque todo estaba en orden. Luego se quisieron apoyar en la comunidad, pero hasta sus propios partidarios respaldaban la apertura del centro comercial. Entonces acabó por hacerse a lo macho", razona uno de los copropietarios, que para esta fecha continúa cancelando a dos bancos los créditos que adquirió para para comprar un local de ropa de caballeros. Mientras el primer mandatario y sus colaboradores se deciden, otros males, además de la incertidumbre, empiezan a atacar la estructura. En Candelaria ven diariamente como los alrededores de lo que sería el Sambil se están convirtiendo en un refugio de indigentes. Ayer a las 8 de la mañana tres mendigos dormían en la puerta sur del edificio.

"Como el lugar permanece cerrado, los vehículos utilizan las anchas aceras como estacionamiento. También como una suerte de baño público, pues cuando pega el sol el olor a orine se torna insoportable", lamenta Palacios.

Los grafiteros ya han dejado sus huellas sobre algunas de las baldosas del edificio y los patineteros amenazan con quebrar los adoquines, pues han tomado para sus prácticas las aceras que bordean la estructura de cinco pisos, que emplearía a 4.000 personas y facilitaría 2.200 puestos de estacionamiento.

La economía informal también ya comienza a colarse en las amplias calzadas, con el alquiler de teléfonos o la venta de bisutería.

Mientras tanto, Nidia Sandoval, una de las pequeñas comerciantes, todavía espera la reunión prometida hace cuatro meses por la jefa del Distrito Capital, Jacqueline Faría.

"Yo invertí todos mis ahorros en una tienda de ropa para damas y estoy cancelando pagarés en tres bancos, necesito que esta situación se defina", reclama Sandoval, quien después de vender su anterior tienda de ropa tuvo que alquilarle a la nueva dueña el local para poder trabajar, a raíz de la incertidumbre que se apoderó del proyecto hace más de un año.

Con un discurso marcado por la resignación, los vecinos consultados piden que el edificio expropiado realmente sea un espacio beneficioso para la comunidad donde se instalen oficinas de servicios públicos importantes, pero que no se convierta en un dolor de cabeza más para el sector. "Ya habíamos llegado a un acuerdo con los Cohén para que algunos de los residentes de la zona pudiésemos tener un puesto de estacionamiento fijo de los 2.200 que tiene la estructura, ahora no sabemos qué destino se le dará a eso", comenta Yelitza Campos, quien teme que el edificio pueda ser invadido.

Scarpatti agrega que el Sambil sería un gran generador de impuestos municipales, que se invertirían en la parroquia. "Realmente no entiendo la lógica socialista del siglo XXI".

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