"Avatar", el reino perdido de James Cameron sacudió a los espectadores
El paraíso perdido
Doce años después de su impacto mundial, muchos siguen pensando que Titanic (1997) de James Cameron solo es una mano sobre un cristal y un gran témpano en medio.
Lo cierto es que -y no necesariamente por todos los millones ganados y estatuillas conquistadas-, Titanic es una gran película. Por supuesto, mientras te haces viejo te das cuenta de que no es una obra maestra, pero es un fantástico espec- táculo cinematográfico, un melodrama dosificado y una tragedia de proporciones mayúsculas. Bien actuada, mejor dirigida y magistralmente producida. Todo ello en un proyecto riesgoso, tanto que el sudor frío permaneció en las sienes de sus responsables hasta las nominaciones del Globo de Oro de entonces.
Doce años después, Cameron sigue siendo ese director ególatra, un tanto cursi y muy apasionado. Dispuesto a mantener su título de Rey del Mundo, el creador de Terminator ha tardado más de una década en entregar su siguiente largometraje de ficción. Un fresco tan ambicioso que de no ser por el cierre que el relato ofrece, daría para una de esas trilogías al mejor estilo de George Lucas (aunque ya muchos aboguen por una segunda parte).
Bastante cerca de Danza con lobos, un guión que parece haber seguido a pies juntillas, la historia de Avatar es mejor por cómo se cuenta que por aquello que es contado. Cameron es un director brutal, conocedor del cine de acción y ciencia ficción como pocos. Es capaz de asumir un fresco tan maratónico como este y detenerse en detalles a ratos superfluos, buscando dar cuerpo a un mundo lejano, que en el fondo está a la vuelta de la esquina.
Naturaleza y tecnología, civilización y barbarie, progreso y destrucción, el bien y el mal, quedan encapsulados en un discurso ambientalista bastante naif, repleto de buenas intenciones.
Previsible, en este film de naturaleza mesiánica contado más de una vez, la historia de Avatar pasa asombrosamente a segundo plano, en tanto que aquello que se ve en pantalla cubre todos los agujeros posibles del relato. El empaque se impone a la historia de manera arrolladora. Ese mundo que se ha construido como espejo de la Tierra es tan fascinante como su referente real, solo que aderezado con las marcas de un género como la ciencia ficción; aderezado con toda la aventura que sea posible dentro del dilatado metraje de la cinta.
Rodado para ser disfrutado en 3D, hay que decir que su naturaleza en 2D tampoco decrece, y en algunos aspectos, gana en comparación a la proyección original. Cierto es que como pocas veces, la premisa del 3D se cumple con tanta cabalidad como ahora. No obstante, la fascinación que despierta esta cinta está más allá de este artilugio tecnológico. Está precisamente en el mundo recreado, esa suerte de luna lejana que muestra la exuberancia de un mundo perdido. No el de Pandora, sino el que orbita alrededor del Sol.
Avatar, con toda su premisa de futuro, es un film nostálgico que el espectador abraza con añoranza. Con un deseo de escapismo absoluto y esa inquietud de literalmente ser otro. Es una fábula tan simple como aquellas escritas por Esopo, que con su evidente moraleja, sacuden ese niño que todos llevan dentro.
de EL UNIVERSAL. Si no lo eres, Regístrate aquí
El Universal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios aquí publicados son responsabilidad de quién los escribe.
El Universal no permite la publicación de mensajes anónimos o bajo seudónimos.
El Universal se reserva el derecho de editar los textos y de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje no apropiado y/o que vaya en contra de las leyes venezolanas.
Cómo anunciar |
Suscripciones |
Contáctenos |
Política de privacidad
Términos legales |
Condiciones de uso |
Mapa del Sitio |
Ayuda
El Universal - Todos los derechos reservados 2011

