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Bicentenario perdido
RAFAEL DÍAZ CASANOVA |  EL UNIVERSAL
viernes 1 de enero de 2010  04:20 PM

Comienza el año 2010, el 19 de abril estaremos celebrando o conmemorando aquel famoso Jueves Santo, cuando el presbítero José Cortés de Madariaga, con un gesto, propició el desconocimiento del gobierno del capitán Vicente Emparan. Allí, con una justificación diferente, se inició el movimiento emancipador de la nación venezolana y se trazaron los primeros pasos libertadores de la América multirracial y multicultural.

Doscientos años después, nos encontramos metidos en un desgraciado proceso que desconoce los principios promulgados y establecidos como razón de ser y reguladores de la vida de nuestra naciente sociedad.

En aquellos tiempos y como consecuencia de esos movimientos, se proclamaba la fundación de una junta patriótica que decía defender los derechos de Fernando VII por las agresiones recibidas de parte del Emperador francés.

La Venezuela de 2010 se encuentra en una situación absolutamente comparable y extrapolable.

El régimen que nos oprime sigue dictados de una nación diferente, Cuba, o del Foro de Sao Paulo, indigna comunidad de tendencias comunistas que nació en 1990 para debatir sobre las situaciones políticas mundiales -proyecto perfectamente aceptable- y hoy se dedica a diseñar y perfeccionar las maneras de intervenir homogéneamente en la dirección política de las naciones del hemisferio -actitud reñida, absolutamente, con los principios de la soberanía de las naciones.

En Venezuela, hemos visto cómo se han perdido todo el pudor y el respeto que merecen los ciudadanos del país. Se han sustituido los dictados del Derecho Público que asigna funciones y limita los campos de acción de los distintos componentes de los poderes nacionales por un contubernio de poderes cómplices. Se ha desvirtuado la propiedad colectiva y ésta, se le ha asignado de manera espuria a los designios de un dictador. Se emplean la mentira, el delito, la sumisión, la intimidación y varios otros defectos o delitos, como mecanismos que forman parte fundamental de las maneras de gobernar.
Se han traicionado los dictados de la Constitución que el mismo régimen se hizo aprobar hace apenas diez años y se han desobedecido los resultados de las consultas constitucionales que el mismo régimen sometió a la opinión de la ciudadanía.

Los juristas debaten, totalmente confundidos, sobre cuáles son las formas de rechazo válidas para enfrentar esta situación.
Quisiéramos creer que nos hace falta una unidad de criterio que tiene que partir de la renuncia a las naturales y democráticas apetencias que pueden tener todos los ciudadanos del país y tenemos que concentrarnos en que la derrota del régimen que nos oprime solo será posible si se le compite de quién a quién y con un solo candidato en todas las instancias de gobierno.

La determinación del nombre de cada candidato tiene que realizarse a partir de dos condiciones: La mejor competencia identificable dentro de la mayor aceptación del electorado. Cualquier otra condición, especialmente las atribuibles a las afiliaciones partidistas, deben aplazarse para los tiempos en los que la democracia sea parte de las reglas fundamentales de la contienda.

Estamos ante una emergencia donde hace falta que aparezca el hombre, o la mujer, que pueda calzar los zapatos del presbítero Madariaga.
Weston, diciembre 27 de 2009

rafael862@yahoo.com
twitter.com/rafael862



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