Los premios en el deporte siempre están signados por la subjetividad de quien los entrega. El deporte es eso, emoción y pasión, y ambos sentimientos son subjetivos.
No así los números, que nutren la estadística, y tampoco los hechos que marcan a determinado jugador.
Más allá de las consideraciones deportivas que cada quien considere pertinente, hay consenso en que Tom Evans, un importado de lujo con el que cuenta Cardenales de Lara desde hace varias temporadas, y Antonio Álvarez volvieron en la campaña 2009-2010, luego de dos años de ausencia de la pelota venezolana, ambos por lesiones. Evans, en las rodillas, Álvarez, en el hombro.
Sus guarismos y apoyo a sus equipos determinarán quien se lleva el premio Regreso del Año, que cada temporada entregan los periodistas que cubren el beisbol.
En el caso de que ayer los Cardenales hayan avanzado a la postemporada, no cabe duda de que Evans tuvo mucho que ver en esa remontada larense.
En el caso de Álvarez, la fatídica experiencia de Caribes en la recién finalizada eliminatoria no le valdrá de mucha ayuda.
Sea cual fuere el ganador, ambos merecen reconocimiento. En lo extrictamente deportivo son ejemplo, y sus managers al colocarlos en play ratifican esta sentencia.
ayanez@eluniversal.com
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