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"El Litoral de mi hija es distinto a donde yo crecí"

“Han sido 10 años de vencer obstáculos. En principio me fui a Caracas pero mi conexión con el mar me trajo de regreso” Mariela Navarrete/Periodista

40 años tiene Mariela Navarrete. En diciembre 1999 era directora de Prensa de la Gobernación (Cruz Sojo)
  EL UNIVERSAL
miércoles 16 de diciembre de 2009  09:37 AM

Quienes conocen a la periodista Mariela Navarrete saben que tiene una sonrisa contagiosa. De esas carcajadas sonoras, que aparecen con facilidad y son como brisa fresca aunque el tema que se aborde sea por demás espinoso.

Esa disposición, el amor por Vargas y por su hija de tres años, así como el ejemplo de lucha de su madre, Marielena Ortiz, fueron sus anclas.

Todo ello evitó que se sumiera en una depresión tras el deslave de 1999, cuando en horas su vida dio un giro de 180 grados.

En esa época, en la flor de los 30 años, Navarrete comenzaba a ver los frutos de un futuro prometedor. Ocupaba uno de los cargos periodísticos más deseados, la coordinación de prensa de la Gobernación de Vargas, y daba los primeros pasos para adquirir su apartamento.

Pero el destino, en complicidad con la lluvia y el río de Macuto, tenía otros planes.

"Dejamos la casa y nos refugiamos en el Seminario. Fueron cuatro días de locura. Una vez en Caracas, en frío, nos dimos cuenta que no teníamos nada. Que la historia familiar de cuatro generaciones se había quedado enterrada".

Confiesa que esa Navidad ha sido la más triste que puede recordar.

En 2000 se instaló en Caracas en un apartamento alquilado, pero a las primeras de cambio su conexión con el mar la trajo de regreso.

"Han sido diez años de vencer obstáculos y reconstruir aspectos que a mi edad, 40 años, ya uno da por resueltos. Decidí no tener más hijos. Y hace tres años comencé a construir mi vivienda propia, un anexo en la casa que rescató mi mamá y de la misma que salimos hace diez años".

Hoy sus preocupaciones se centran en la baja calidad de vida que registra el estado que la vio crecer y que tiene muy poco que ofrecer a su hija adolescente, lo que la hace cuestionar su decisión de haberse instalado nuevamente en la entidad costera.

"Cuando yo escucho esa canción de Alegrías del Cardonal, que dice 'yo de La Guaira, yo nunca me iré' la asumo como un credo propio. Pero aunque parezcan cosas tontas, yo crecí en un lugar donde había cines, espacios para tomarse un café, heladerías y una vida nocturna.

También bibliotecas y un mayor nivel educativo. Nada de eso lo ha conocido mi hija Marylena, pues la reconstrucción social ha sido con Vargas muy esquiva. Sin embargo, no pierdo la esperanza", concluye, mientras su rostro vuelve a dibujar una sonrisa.

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