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| Entrevista Carlos Sandoval, investigador literario
"La lectura desarrolla espíritu crítico"

"Las estadísticas del libro en Venezuela dicen que la gente lee mucho ensayo... pero no sabemos el tiraje de cada título"

Para Sandoval no hay garantía de que si se publica mucho, se lea también en esa misma proporción (Nicola Rocco)
ANA MARÍA HERNÁNDEZ G. |  EL UNIVERSAL
lunes 30 de noviembre de 2009  12:00 AM

Docente, crítico literario e investigador de la Universidad Central de Venezuela... en realidad Carlos Sandoval es un enamorado de la literatura venezolana, un lector avezado y un perfecto ratón de librerías, bibliotecas y ferias de libros. Tanto que asegura que los libros amenazan con correrlo de su casa.

Su conocimiento en torno al tema vale para indagar sobre el comportamiento lector del venezolano, en particular por cuestiones que se evidenciaron en la reciente V Feria Internacional del Libro de Venezuela, Filven, en la cual gente común y corriente compró de todo, pero especialmente, "ladrillos" como El Capital de Carlos Marx. ¿Compras fetiche o de verdad hay sapiencia como para hincarle el diente?

-Evidentemente hay un editorial, pero ¿qué lee el venezolano?boom

-Desde 2003 para acá hay un boom editorial de narrativa venezolana; pero también hay que reconocer que desde 1998 en adelante hay un boom de ensayo: se trata de publicar libros que expliquen qué pasa, sobre todo desde el punto de vista político.

-Se está editando desde varios frentes...

-El Gobierno ha editado muchos libros y los regala, pero creo que pierden mucho dinero y no creo que cubran el costo. El hecho es que sea propaganda del Gobierno o lo que sea, uno se sorprende de las cosas que se leen. Yo uso el metro y veo gente leyendo muchas cosas, como el Código Chávez de Eva Golinger o la Constitución, y no sé si esa gente está preparada para entender, pero las ves leyendo. Con la llegada de Chávez al poder y para explicar por qué nos cayó esto encima, Debate de Random House comenzó a publicar ensayos. También hay una biblioteca Manuel Caballero, una de Elías Pino Iturrieta. Con ello vino acarreada una bonanza editorial de narrativa, porque observas autores que antes estaban en Monte Ávila y ahora los tiene Mondadori, Alfaguara, Planeta.

-¿Se leerá todo lo que se publica?

-Una cosa es que veas que se está publicando mucho, pero eso no te garantiza que se lea también. No sé, no tengo manera de medir, pero la experiencia dice que una cosa no está acompañada de la otra.

-¿Pero no hay ninguna forma de medirlo?

-Intenté hacerlo a través de contactos con la Cámara de Artes Gráficas, pero en Venezuela no hay estadísticas de libros. Hace muchos años trabajé en Fundalibro (organismo antecesor del hoy Centro Nacional del Libro, Cenal) y allí se firmó un convenio con la Unesco para tratar de producir estadísticas del libro en Venezuela, y lo único que se sacó en claro es que la gente lee muchísimo ensayo histórico, literario, interpretación sociológica, qué cosa somos los venezolanos y los latinoamericanos, pero nunca pudimos saber qué cantidad de tiraje de cada título se hace en el país. Y un editor evidentemente no te va a decir cuántos ejemplares tira...

-Los libros dan esa información...

-Fíjate que ni siquiera allí lo puedes ratificar. En el colofón pocas editoriales ponen la cantidad de libros que se tiraron. Monte Ávila no lo hace, El Perro y la Rana sí, por razones de difusión populista. Creo que ni siquiera las privadas incluyen ese colofón. Lo que sí observo cuando voy a Nacho, a Tecniciencia, a Librerías del Sur, Élite, Suma, cualquier librería de Caracas, es que hay una oferta amplia de libros escritos por venezolanos que tratan de interpretar el fenómeno venezolano.

-¿Qué efecto tiene regalar libros más allá de lo demagógico?

-No me parece malo que los libros se regalen si eso va acompañado de una política de lectura. Hasta ahora, aunque el Gobierno anuncia un Plan Revolucionario de Lectura, no sé si eso se está implementando o no. Sería irresponsable de mi parte decir que no funciona. Pero, insisto, al lado de regalar no veo una política coherente sobre cómo incentivar la lectura. Por otro lado, esta no es una práctica sólo de este gobierno. Cuando yo era niño, recuerdo que la Fundación del Niño regalaba en diciembre Páginas para imaginar, donde leí los primeros poemas. Cuando joven fui una vez a la jaula de King Kong, que montaron en la plaza Caracas para el gobierno de Pérez donde mostraba sus realizaciones políticas y ahí regalaban libros.

-Pero no se sabe cuánto se lee...

-Tengo colegas de la universidad a quienes no les da tiempo de leer, de actualizarse en la materia que dictan, por razones de la propia crisis. Tienen dos trabajos, saltan de un lado a otro. Peor, conozco gente que da clases en bachillerato y básica que en su vida habrá leído diez libros. Te estoy hablando de profesionales que enseñan y cuya herramienta es justamente el libro. Si allí hay problemas, imagínate cómo puede ser en una población que recibe un libro regalado y que a lo mejor no tiene el instrumental necesario desde el punto de vista cognoscitivo. La gente que compra El Capital y el Manifiesto comunista, está bien, pero lo interesante es que lo lean.

-¿Cómo incentivar el leer?

-Creo que se requiere de una política de lectura en todos los niveles, y básicamente en el nivel primario, es decir, en la escuela y en el bachillerato. Mi hipótesis es que el problema con la lectura y con todo en general tiene que ver con la falta de una buena educación en los niveles básicos de la escuela. No se les enseña la importancia del libro, de la lectura y del estudio.

-¿Leer para instruirse, para distraerse, para formarse ideológicamente?

-Es muy difícil para una persona que vive de la lectura y que vive de hacer libros y leerlos explicar lo que significa leer. Para mí es difícil, porque uno lee por conocimiento, por placer, por pasar el rato, la cola, el metro, la cola en el banco. Una definición general sobre la lectura podría ser, por ejemplo, que ésta no solamente te ayuda a tener conocimiento de algunas materias, sino también desarrolla un espíritu crítico en el sentido de ver los problemas un poco más allá de la cotidianidad. Cuando uno es un lector consuetudinario uno ve la vida de otro modo: yo no sé si la lectura cambia o no la vida, pero a mí sí me la ha cambiado. La lectura te ayuda a ver el mundo de otro modo y a pensar. Además, la civilización occidental, nuestra civilización mezclada en América Latina, se forjó básicamente con libros.

-¿Qué le pareció la reciente Filven?

-Yo siempre voy a todas las ferias del libro, sean chavistas o antichavistas. Voy a buscar libros, porque creo en ellos. La Filven que está haciendo el Gobierno sin duda tiene una carga ideológica marcada. Pero todo es ideológico. En las ferias de la Cuarta República participé, y la carga ideológica era de otro cuño. No critico eso, lo que criticaría es que todos los stands sean de una sola línea, y en este caso no fue así. Compré libros de editorial Siglo XXI que no tenían nada que ver con el discurso político. Incluso compré en el stand de la Plataforma del Libro cosas que no tienen nada que ver con política. Pero sí tengo críticas, una operativa y otra con los libros: la primera es que las caminerías y la disposición de los stands no son las más adecuadas, hace mucho calor dentro de cada uno, se pueden mejorar los servicios de baños y las cafeterías; además, muchos expositores no tienen puntos de venta y me parece que no podemos desconocer la ciudad insegura en la que vivimos.

-¿Y de los libros?

-Creo que algunas editoriales abusan con el precio, incluso editoriales invitadas de afuera. Sé que los libros del stand de Bolivia estaban muy caros, a BsF 90; salvo los del Estado, que estaban muy baratos. Pero ahí tengo otra crítica que vengo haciendo desde hace tiempo. Compré varios libros de El Perro y la Rana, y no están bien cuidados ni revisados. Hay errores ortográficos, y si vas a vender un libro barato no puedes partir de que no vas a cuidar la ortografía, porque estás maltratando al pueblo. Es un irrespeto para todo lector e indica falta de profesionalización en el mundo del libro. Quizás es por la premura de sacar muchas ediciones, y este descuido también es achacable al mundo editorial privado.

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