La identidad partido-gobierno ha sido la estructura política más nefasta de la historia
Las recientes elecciones internas del PSUV tienen dos caras, como Jano, una hermosa y otra monstruosa. El partido de gobierno ha institucionalizado las elecciones democráticas de sus líderes y candidatos, lo que es una práctica cívica de alcances muy positivos; el PSUV se identifica cada vez más con el Estado, como los partidos estalinistas, con lo cual llegará un momento en que se hará invencible y totalitario.
Es cierto que sólo la mitad de los miembros del PSUV fueron a votar, pero esa abstención es mínima en comparación con otros procesos electorales internos, poquísimos en la historia política venezolana. El hecho objetivo es que el militante chavista es convocado a votar y efectivamente vota por sus líderes y candidatos. Más allá de las evidentes realidades de que en el PSUV la soberanía reside en Chávez, la gente vota e inclusive da sorpresas. No se conocen los mecanismos internos de presión del partido chavista, pero la gran prueba de limpieza de unas elecciones la ha dado, al menos alguna vez, el proceso del PSUV: que gane el débil y pierda el fuerte. Que lo diga Reyes Reyes.
De esta argumentación no vaya a caerse en la ingenuidad de que la oposición tiene que hacer lo mismo. El proceso político venezolano no es aquel de AD contra Copei, ni siquiera del MAS contra el bipartidismo, lucha civilizada al extremo si se la compara con la cayapa obscena que el gobierno aplica a la oposición. El PSUV puede hacer primarias a cada rato porque es parte del Estado, utiliza y gobierna al sector público y tiene financiamiento ilimitado de las arcas públicas. En un clima de mínima institucionalidad y de un ventajismo sólo normal del gobierno, la oposición podría seguir el ejemplo del PSUV. Pero en el actual estado de cosas, de persecución y asedio desembozado, la decisión sobre selección de candidatos tiene que ser pragmática en extremo, táctica más que estratégica.
Porque el modelo del PSUV es totalitario. Que no haya alcanzado ese ideal se debe, entre otras cosas, a que el Presidente es esencialmente un caudillo militar y no toleraría un partido de verdad (de allí que soporta a duras penas al PCV). Pero la identidad partido-gobierno ha sido la estructura política más nefasta de la historia, asesina literalmente allí donde se ha dado realmente, como en la Unión Soviética, China o Camboya.
glinares@cjlegal.net
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