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La cava de un camión 350 sirve de salón de belleza en Antímano

Su dueña abrió una segunda sucursal para poder atender a toda la clientela

(Venancio Alcázares)
MAYE ALBORNOZ |  EL UNIVERSAL
domingo 22 de noviembre de 2009  12:00 AM

Secados de cabello extralargo a BsF 25, corte para damas y caballeros a BsF 15 y pintada de uñas en menos de BsF 30. Además de precios solidarios, lo que más sorprende de la peluquería de Gladys Márquez es que funciona en la cava de un camión 350 estacionado en la avenida Intercomunal de Antímano.

Cuando la desalojaron del local donde había trabajado siempre, su esposo le ofreció que utilizara la cava vieja de su camión y ella aceptó. Ya tiene 10 años allí: "Era una solución temporal, pero las cosas se han puesto cada vez más difíciles y no he podido mudarme".

Ella enfrenta la situación con humor: "Cuando los niños pasan por aquí les piden a sus mamás que los lleven a cortarse el pelo en el carrito", bromea.

Y no sólo es el preferido de los más pequeños, Gladys tiene clientes de Antímano, La Yaguara, El Junquito, Carapita y Montalbán. En la televisión también la conocen, cuenta, pues al cerrar la caja de un día notó que entre las ganancias había un tique de alimentación de un trabajador de Venevisión. Por discreción o descuido, no recuerda el nombre.

Cree que lo nutrida de su clientela se centra en los precios competitivos, aunque no duda de que serían más si pudiese aplicarles químicos y lavarles allí el cabello, pero no tiene entradas de agua. La que bebe se la lleva en termo y la luz la toma de un poste.

Quizás esas incomodidades se compensan con su tranquilidad: no hay tanto trabajo como para estresarla (atiende en promedio a 10 clientes al día) y siempre puede almorzar caliente, pues su casa está muy cerca. Esas facilidades la ayudaron para atender a su hija cuando estaba pequeña y ahora ella le agradece arreglando manos y pies por temporadas en una cava-salón contigua a la suya.

Y es que el negocio se ha expandido. Desde hace un par de años, Gladys le ofreció a una amiga trabajar en una nueva cava de camión que su esposo desechaba. ¿Que si se preocupa por la competencia? Sin dudar responde que no: "Las mujeres somos coquetas en cualquier parte. Yo ya tenía el punto y muchas veces no podía atender a todas... se hacían colas. Ahora las mando para al lado".

En diez años sólo guarda un mal recuerdo: la intentaron robar y le destrozaron el local, pero los vecinos escucharon el ruido y ahuyentaron a los ladrones. Ahora no guarda el dinero allí.

Un par de sillones gastados, una plancha, dos secadores, cepillos, tijeras y en esta época un cochinito de aguinaldos conforman el mobiliario, que protege con varios candados.

Gladys seguirá allí hasta que haya alguien que se quiera ver bien por poco.

malbornoz@eluniversal.com

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