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Entre risas y lágrimas ¡Nunca más!
ANA MARÍA VALERI |  EL UNIVERSAL
sábado 21 de noviembre de 2009  04:22 PM

Con motivo de la celebración de los veinte años de la caída del Muro de Berlín, que la prensa mundial reseñó ampliamente, tuvimos la oportunidad de ver y leer lo suficiente como para conmovernos con testimonios de algunas de aquellas personas que vivieron prisioneros de un sistema que los aisló mientras el mundo transitaba el desarrollo. Y si bien es cierto que el Muro se derrumbó sin disparar un tiro, también lo es que a lo largo de muchos años, algunos murieron en su intento de escapar y otros tantos fueron apresados y desaparecidos al oponerse a los regímenes implantados detrás de la Cortina de Hierro.

Al mismo tiempo de esta ceremonia, otro episodio se conmemoraría en el corazón de los judíos del mundo: La Noche de los Cristales Rotos en que las fuerzas de seguridad del partido nazi destrozaron miles de viviendas, comercios y sinagogas y asesinaron cientos de judíos residentes en Alemania dando comienzo a lo que más adelante sería uno de los sucesos más vergonzosos de la historia del mundo del siglo XX: El Holocausto del Pueblo Judío.

Dos eventos que rememoran el deseo de evitar el olvido, de impedir la omisión, de prohibir la indiferencia a las tragedias que necesitan ser recordadas para jamás repetirse. Uno, la prisión perpetua, el miedo a expresarse, el sometimiento a un sistema que anulaba la individualidad. El otro, la humillación y la tortura, el aniquilamiento de su raza y de su fe. Dos sucesos que nunca debieron ocurrir pero ocurrieron. Ante la mirada esquiva de un mundo que respondió tardíamente, y que -gracias a Dios-, encuentran en el presente miles de voces que repiten cada vez con mayor fervor ¡Nunca más!

Dos acontecimientos que nos detienen en el paso del tiempo. Uno, para celebrar el rescate de la libertad, el fin de la manumisión, la emancipación a cualquier sometimiento forzoso. El otro, para guardar el momento de silencio por los mártires caídos, para contener el llanto, una vez más, por los ancestros que nunca se conocieron, apenas sus historias, marcadas en la piel de los que aún viven.

En razón de todo esto, se hace inexplicable que hoy día aún haya un gobernante que quiera reinventar un socialismo del siglo actual -por llamarlo de algún modo- que no sea otra cosa sino la reedición de un fracaso. A menos, claro está, que sea ése el único modo que hubiese encontrado para escribir su nombre en los libros de historia. Y por otra parte, tampoco es fácil entender que se amigue con otro parecido a él, que niegue la matanza de seis millones de personas y, para rematar, vocifere "urbi et orbe" que el Estado de Israel debe desaparecer. No nos queda sino pensar que, o se es muy incapaz, o se es muy ignorante. O ambas cosas a la vez.

Pero lo lamentable no es lo que seres así quieran hacer o decir. Lo terrible es que haya otros que se los crean. Nos preguntamos si, a la luz de los acontecimientos como la caída del Muro de Berlín y la conmemoración de un año más de la Noche de los Cristales Rotos, los pueblos de aquellos gobernantes que se hacen los ciegos, los sordos y los mudos, también lo son tanto como para no ver que están yendo a contracorriente de la historia, de la humanidad y de la justicia. Y que serán víctimas de su propia indiferencia.

Pese a ello y por fortuna, siempre habrá quienes, impidiendo el olvido, recordemos a otros lo que jamás debió ser. Y ojalá sea para bien. Porque entre risas y lágrimas, cada vez con mayor fuerza ¡Nunca más!

anamariavaleri@gmail.com



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