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Mar de sangre

Chávez no ha atajado la consecuencia de sus imprudentes omisiones

ARGELIA RÍOS |  EL UNIVERSAL
viernes 20 de noviembre de 2009  12:00 AM

Once años en el poder no le han sido suficientes al Presidente para depurar su enfoque sobre el problema de la inseguridad. Chávez sigue creyendo que la tragedia tiene a la pobreza como su único origen. Se resiste a reconocer la complejidad del calvario que nos azota. Si aceptara que Venezuela es hoy el escenario de una matanza espeluznante, demolería la farsa de sus "logros" en materia de pobreza. Al no hacerlo, sin embargo, refuerza la grave irresponsabilidad en que incurre, esquivando una calamidad en la cual la ideología sólo cabe para postergar indefinidamente las soluciones.

La elocuencia del comandante corcovea cuando lo desafía la degollina. El tema es de los pocos con los que el Presidente no se anima: ni siquiera tiene la mínima curiosidad de remover en las profundidades alcanzadas por la catástrofe. Nadie le saca de la cabeza que los muertos de cada semana -al igual que otras tantas calamidades diarias- representan un mero "hecho mediático".

Chávez no ha atajado la consecuencia de sus imprudentes omisiones: mientras siga creyendo que todo es una mentira manufacturada en los laboratorios de sus "enemigos", más contribuye a mejorar la credibilidad de los medios de comunicación, en donde se confrontan las ramplonerías de su vocería oficial y el llanto desgarrado de las madres volcadas sobre los cadáveres de sus hijos& Ellas no existen; si acaso son fantasmas que, en su oportunidad, cobrarán valor electoral, estimulándoles el olvido mediante artificios inventados para "compensarlas". El comandante cree que los dolientes de cada muerto tienen un precio anticipado en el presupuesto.

Una convicción adicional afecta también su lectura del drama. El Presidente tiene la certeza de que el malandraje es parte de su capital político-electoral: precisamente, ésa a la que necesita mantener armada, para intimidar a sus contrarios cuando las insatisfacciones asfixien a su Gobierno. El hampa tiene asegurado el beneficio gubernamental de la impunidad, mientras "el proceso" asume esta patraña como un simple costo de transacción.

El cálculo involucra la clásica fórmula represiva, de gran utilidad si los votos se le hicieran insuficientes. En una prueba más de su inescrupulosidad, el hiperlíder piensa que las ganancias equilibran ese "costo". En el fondo tiene muy mala opinión de los sectores desvalidos: se ha emperrado en la idea de que los pobres están acostumbrados a su ecosistema violento y de que, en la práctica, los barrios "admiran" y resguardan "solidariamente" a sus vándalos& El redentor no entiende que se trata de una solidaridad preñada de miedo; de una miserable lucha por la sobrevivencia.

Nuestro engreído genio bolivariano no sabe que el genocidio venezolano contradice el abecedario de sus paparruchadas ideológicas. No se da cuenta de que nuestro "mar de la felicidad" es un océano grotesco de sangre y excremento.

argelia.rios@gmail.com



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