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Muros totalitarios

Los totalitarios convierten a los pueblos en colectividades cuyo bienestar no importa

LUIS ENRIQUE OBERTO G. |  EL UNIVERSAL
miércoles 18 de noviembre de 2009  12:00 AM

En estos días, cuando se acerca el inicio del tiempo del Adviento, junto con el pueblo alemán los demócratas del resto del mundo hemos celebrado la desaparición física del muro de Berlín -el 9 de noviembre de 1989-, muestra inequívoca de los extremos a que en todo tiempo están dispuestos a llegar los totalitarios, en su afán de constreñir a los pueblos: hacerles sentir la supresión de su libertad y el desconocimiento de la dignidad como personas de sus miembros, todo con el propósito de afirmarse en el poder por siempre.

Hoy, a la luz de los eventos que se registran en los más dispares lugares del mundo y los acuerdos políticos que se celebran y ponen en marcha entre gobiernos de países que nada tienen en común desde el punto de vista cultural y religioso, ni antecedentes de una tradición de relación, nadie puede llamarse a engaño sobre que el mundo democrático camina en el filo de la navaja, en medio de las amenazas de nuevos muros y conflictos con los totalitarismos emergentes que podrían derivar en enfrentamientos trágicos.

Por ello, la pertinencia de la conmemoración promovida por Alemania -con motivo de cumplirse veinte años de tal acontecimiento- y de su insistencia en que no se olvide lo que el muro fue y representó. Resultaba sobrecogedor cruzar la zona que el muro delimitaba, para pasar de una Alemania a la otra, aun para quienes por fuerza de las circunstancias tuvieran que hacer ese tránsito -y pudieran hacerlo- negado permanentemente al pueblo que dividía.

Con el poder por siempre Una experiencia para no olvidar jamás y tener presente de lo que eran capaces los promotores del muro y serían sus seguidores en cualquier lugar del mundo, aun después de los resultados absolutamente negativos para los pueblos -en todos los órdenes- a que conducen, como ha quedado demostrado, los sistemas totalitarios -comunistas o de otra índole- que son la excusa para que algunos que nunca beneficiaran a pueblo alguno, se alcen con el poder por siempre, como ha ocurrido en todos los lugares donde han tenido la oportunidad de hacer realidad sus pretensiones.

No hay nada más parecido a eso, que el tiempo descrito en las lecturas de estos días del Nuevo Testamento previo al Apocalipsis, a lo que representan los totalitarios que una vez erigidos en gobernantes convierten a los pueblos en colectividades de no personas cuyo bienestar nada importa, útiles sólo para la guerra.

Para ello, no parece haber mejor antídoto que la integración de los pueblos -como han hecho los países de la Unión Europea- promovida para la paz y la libertad.

luisoberto@yahoo.es

 



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