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¿Entrar en guerra y triunfar?

¿Le sirve a Venezuela que el narcotráfico que nace en Colombia florezca?

ANTONIO COVA MADURO |  EL UNIVERSAL
miércoles 18 de noviembre de 2009  12:00 AM

Para qué si no se entra en guerra? Un conflicto armado, como todos sabemos, es el que se inicia -y se prosigue- hasta el triunfo, o hasta cuando se logre retornar al statu quo ante. Una guerra se inicia porque todos los otros intentos que un país beligerante emprende para llegar a un acuerdo con su oponente se muestran incapaces de lograrlo.

Pero, además, para que un país contemple la posibilidad de entrar en guerra con otro -mucho más cuando ese "otro" es su vecino- es porque hay muy poderosas razones; y persiste una absoluta sordera, e incluso desdén de parte de quien considera su enemigo: niega adecuadas respuestas a las quejas de quien está dispuesto hasta a ir a la guerra para obtenerlas.

La pregunta pertinente entonces no puede ser otra que: ¿están dadas estas condiciones para que Venezuela inicie y lleve a cabo una guerra contra Colombia? De hacerlo ¿está en posibilidad de garantizar el triunfo? Intentemos responder.

¿Cuáles serían las poderosas razones que impondrían a Venezuela el pesado fardo de declarar una guerra al vecino país; y llevarla a cabo con éxito? Para responder a ese asunto no tenemos otra alternativa que acudir a la locuacidad de quien la está propiciando. Sólo si lo hacemos podríamos lograr avanzar con especulaciones que pequeños datos, estimulados por la imaginación, propician. Es lo usual para lograr avances en los conocimientos científicos.

Según el Presidente de Venezuela, una decisión libérrima y autónoma del Estado colombiano sería causa suficiente para encarar la posibilidad real de hacerles la guerra. Se trata de su convenio con el gobierno norteamericano para una colaboración militar sostenida. Esa colaboración no incluye la existencia y patrocinio de bases norteamericanas en territorio colombiano, tal como las han mantenido los sucesivos gobiernos norteamericanos en países de Europa y Asia oriental. En estricto sentido, entonces, no hay bases norteamericanas con autonomía total, en territorio colombiano.

¿Qué es lo que hay, entonces? Por lo que sabemos, un convenio entre Colombia y Estados Unidos para que el último preste asistencia, militar obviamente, al primero; y éste, a su vez, les facilitaría a los norteamericanos suficiente movilidad para monitorear aquellas actividades que, en la región, pudieren ser amenazantes para ellos.

Es en este preciso punto en el que coinciden los intereses de ambos países. Colombia necesita, tanto del know how norteamericano como de su arsenal bélico, para llevar a cabo exitosamente su doble guerra: contra la otrora poderosa guerrilla de las FARC y contra el persistente cáncer del narcotráfico.

En esta doble guerra es imposible obviar el que, mucho antes que Colombia lograra esta alianza con los norteamericanos, ya ambas fuerzas letales propiamente colombianas se habían aliado: la guerrilla y el narcotráfico, de allí el nombre con el que se le conoce: la narcoguerrilla.

Para Estados Unidos ni qué decir tiene que es fundamental destruir la fuente del tráfico de drogas en su cubil; al mismo tiempo que liquidar a la peor insurrección de naturaleza comunista que persiste en América. Si encima se pudiera establecer un nexo entre ese movimiento insurreccional y el terrorismo islamista, los intereses de Estados Unidos le imponen ayudar a Colombia.

Si es esto lo que tenemos, ¿quién ha dado a Venezuela velas en ese entierro? ¿O fue que Chávez se las cogió? Basta con hacer adecuadamente la pregunta para tener pronta la respuesta: ¡Nadie! Para Venezuela, mientras más rápido sea liquidada la guerrilla, mejor. Corremos el riesgo no sólo de que el conflicto nos salpique, sino que la continua presencia de la guerrilla colombiana en nuestro suelo, nos contamine más allá de cualquier recuperación posible. Y con el otro enemigo, ¿le sirve a Venezuela que el narcotráfico que nace en Colombia florezca?

Si en América Latina es Colombia la que tiene el ejército mejor armado y con entrenamiento probado, declararles la guerra ¿no sería suicida? Y el ejemplo de Las Malvinas ¿no aconsejan evitar a como dé lugar una ruta similar? ¿Cree Chávez que el Gobierno y la opinión pública norteamericana permitirían una imposible derrota de Colombia? Y lo más importante, con un récord organizacional y gerencial como el de este Gobierno ¿es siquiera pensable ganar una guerra?

Si todo eso no fuere suficiente, habría que preguntarse: los venezolanos de hoy ¿asumirían plenamente una guerra en la que los metió un señor cuya gestión aborrecen y de cuyas capacidades dudan?

antave38@yahoo.com

 



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