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Vamos a la guerra

Para librar esta guera, la verdad, mucha munición no hay en los arsenales

MIGUEL SANMARTÍN |  EL UNIVERSAL
sábado 14 de noviembre de 2009  12:00 AM

Mambrú se echó para atrás. No extraña este otro grandioso recule, admitido sin reparo ni pudor. Es legendario en él. Pistonea a la hora de la chiquita. Es su marcial estilo. Histriónico, es lo que es. Otras veces ordenó, impetuoso, movilizaciones y ataques para, de inmediato, tocar a la retirada. Es su consumada estrategia asimétrica.

Pero los venezolanos, igualito, quieren ir al combate. Están dispuestos a librar esa batalla. Están impacientes. No se van a resignar y menos renunciar a dar la pelea. ¿Fidel o Lula, quién habrá influido en la contraorden? Si hasta los tanques, las bombas y las pistolas (de agua, claro) están prestas desde aquel otro anuncio guerrerista: el racionamiento de luz y agua para impedir que llenen sus piscinas los oligarcas apátridas, disociados y amargados residenciada en Petare Hills.

El enemigo imperialista a pulverizar, sin tenerle pizca compasión ni miramiento alguno, se emplaza en cuatro frentes. Y dispone de un ejército poderoso, bien armado y mejor entrenado. Suficientemente pertrechado y avituallado. Avezado en el terreno. Es audaz, esquivo, artero, despiadado, sanguinario, experto en tácticas disuasivas y no se repliega. No fácilmente.

Dispone de un impelable aparato de contraespionaje aéreo -dotado de radares, equipos de escucha e interferencia de comunicaciones y pistas de aterrizaje- para apoyar a las patrullas de reconocimiento, mundialmente reconocidas como paracachitos. A ellas se atribuye el saboteo de los cultivos organopónicos, empresas de producción social, cooperativas, fundos zamoranos, Inveval, Invepal, Invetex y Cemex, entre otras fábricas bolivarianizadas. También la desaparición del papel sanitario, servilletas, azúcar, café, lentejas y otras avituallas indispensables.

Además de sabotear, desestabilizar, conspirar y espiar, los agentes enemigos infiltrados cumplen otra estratégica misión: disuadir, confundir y convencer con su mitrada penetrante, sincera e hipnotizante a los cuerpos de seguridad y autoridades judiciales revolucionarias cuando estos los declaren.

Para librar esta guerra, mucha munición no hay. Los arsenales están fallos de arroz, maíz, café, caraotas y otros posibles proyectiles. Habrá que dispararle al enemigo chinazos de insultos, taparazos, pimpinazos, taquitos, conchas de cambur, pepas de mamón, cotoperí y mango y, desde la retaguardia, activar las bazucas eructantes.

Dispuestas las tropas sobre el campo de batalla, el escuadrón en globos aerostáticos cargará contra la inseguridad, la brigada en busCaracas arremeterá contra la inflación, la infantería en metrocable embestirá contra el desempleo y el batallón en bicis iraníes embestirá contra la pobreza... Hasta la victoria siempre, aún sin luz, sin agua,sin gas, sin gasolina, sin medicinas y los hospitales destruidos. Este socialismo, apátrida, es la muerte.

msanmartin@eluniversal.com



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